domingo, octubre 30, 2005

A good Woman

Un joven matrimonio es expuesto a un peligroso rumor que circula en la alta sociedad. Robert Windermere es acusado de proporcionar cuantiosas sumas de dinero en secreto a Mrs. Erlynne, una madura mujer de dudosa reputación, mientras tanto, su mujer Meg Windermere llama la atención de Lord Darlington, un conocido playboy. La llegada de Mrs. Erlynne a la Costa Amalfitana la convierte en el foco de atención de todos los hombres de la Riviera, en especial de Lord Augustus "Tuppy", quien le declara sus sentimientos desde el primer momento. En el 21 cumpleaños de Meg la situación llega a un punto crítico, la joven esposa despechada huye de la fiesta para fugarse con el atractivo Lord Darlington.



Hoy he visto esta película, un poco a destiempo, lo sé (ya no frecuento tanto los cines como antes). Aparece Helen Hunt, y eso para mi ya era un motivo de peso. La he visto, a Helen, un poco ajada; aunque su papel, me he dicho como quitando hierro al asunto, requiere que la protagonista sea una mujer madura hasta el punto de poder arrogarse la maternidad de otra de las protagonistas, eso y cierta belleza que dé crédito a su papel de mujer fatal. De acuerdo, Helen es ideal para el papel, pero me duele comprobar como el paso del tiempo emborrona una belleza que no debería desaparecer jamás, me duele aunque sea un espejismo eventual ejecutado deliberadamente por el equipo de maquillaje. Hay mujeres de las que uno un buen día se enamora y ya permanecen por siempre como deificadas, a resguardo del perentorio flujo temporal; inmaculadas en una imagen que nuestra mente corteja a su antojo; cautivas en la magia de cuatro escenas recurrentes que se nos aparecen como por ensalmo cuando alguien pronuncia sus nombres. Ya tendré tiempo de enamorarme de Scarlet johanson, no lo descarto. Por lo pronto prefiero abandonarme a mis añejas y fieles ensoñaciones.
Suena "Brown eyed girl" de Van Morrison en mi ordenador. Alzo mi vaso y cuatro pedazos de hielo danzan apretados entre el cobre del bourbon. Cierro los ojos y te veo pasear con el sol a tu espalda, nimbada por la luz que juguetea con tu pelo. Te detienes y sonríes, y el mundo, que se detiene contigo, me parece hermoso porque tú habitas en él. Porque respiras en algún sitio ajena a mi desvarío y sonríes para alguien con mucha, mucha suerte. Brindo por la suerte de ese hombre; mantengo mis ojos cerrados y brindo por su condenada suerte.

sábado, octubre 29, 2005

Cuenta hasta cien



Yo estoy chungo. Yo sé que esto mio no es muy normal y que el día menos pensado hago de esta aldea cutre y cateta hasta las trancas otro Puerto Urraco. Sé que en el fondo vivo amargado en esta villa de paletos acomplejados por mucho que la gente se empeñe en decirme que soy y se me ve muy majo, que, por otra parte, es lo que acostumbra a decirte la gente cuando les importas lo mismo que un escarabajo pelotero. Ya sé que no se puede generalizar pero yo lo hago, porque sí, porque estoy hasta las pelotas de vivir en un pueblo de mierda donde te hacen volver a tu casa cuando te faltan diez céntimos para comprar el periódico y sus DVD's de la colección de turno que sea (aunque sepan que llevas años viviendo en el pueblo y lleves dejados cinco sueldos en propinas por no querer recoger la vuelta, tonto que eres); porque estoy hasta los huevos de que te nieguen el saludo en la calle, seguramente porque no hablo catalán, como ellos, o porque lo hago como si mascara cien euros de chicle mientras canto Mami qué será lo que tiene el negro; porque me revienta que el de la luz, el gas o cualquier otro tio que se digne a picar (aporrear normalmente) mi puerta se marche y me deje tirado porque algún vecino cabrón le ha dicho que ahí no vive nadie (que hijos de puta, claro, si para ellos todo lo que no sea babear obnuvilados por sus gegants y sus geperuts y sus chorradas folclóricas es no vivir, no conciben que me atrinchere y no comparta el regocijo de los lugareños y que no me provoquen erecciones ni multiorgasmos todas esas fiestas populares que parecen organizadas por mongólicos profundos). Nada hombre, no me lo tengan en cuenta, un mal sábado lo tiene cualquiera. Yo en el fondo soy muy majo y los catetos de este pueblo, para mí, majííísimos.

jueves, octubre 27, 2005

Invisibles


Supongo que nunca se es plenamente consciente. Acaso tan solo en contadas ocasiones. Seguramente la inabarcable sensación de desarraigo se vuelve más sombría y tangible cuando acertamos a dar con aquello que nos obliga a ver con nuevos ojos. Cuando ya menos cegados por el vislumbre súbito de la realidad, empiezan estos a beber la nueva y mortecina luz que nos es dada a cucharadas secas y destempladas.
Somos vistosos trajes que ocultan y escamotean, prendas primorosamente elegidas de las que nos vemos despojados al menor contratiempo. A veces, las menos, hay cierto alivio en ello y agradecemos que cese finalmente la mascarada. Otras veces, en cambio, comprendemos horrorizados la verdadera magnitud de nuestra propia desnudez, de la vacuidad que nos conforma.
Invisibles en la calle, o en nuestro trabajo, o ante los ojos de quien amamos, invisibles siempre, tarde o temprano.

domingo, octubre 23, 2005

Serendipity




¿Te gusta el cine ñoño y pastelón? ya sabes, ese tipo de comedias románticas en las que todo acaba invariablemente bien, donde el chico encuentra chica y no hay dios que los separe se convierte en el "leit motive" en torno al cual gira todo el argumento. Si es así y además te emocionas hasta con los anuncios de turrón, Serendipity es tu película.

Comedia romántica acerca de la fuerza del destino sobre dos personas que acaban no deseando otra cosa que reencontrarse. Cierto bullicioso día de compras del invierno de 1990, Jonathan Trager (John Cusack) se cruza con Sara Thomas (Kate Beckinsale). Son dos extraños en medio del gentío de la ciudad de Nueva York cuyos pasos han coincidido llevados por el loco torbellino festivo, cayendo presos de una mutua e irrefrenable atracción. Aunque cada uno de ellos está comprometido con su respectiva pareja, Jonathan y Sara emplean toda la tarde vagando por Manhattan, sin saber en todo ese tiempo el nombre del otro. Para cuando la velada llega al inevitable final, ambos sienten la necesidad de decidir el siguiente paso a dar. Cuando un turbado Jonathan sugiere intercambiar números de teléfono, Sara se detiene bruscamente y propone una idea que deja en el destino las riendas del futuro. Si resultan estar predestinados a permanecer juntos, le dice Sara, hallarán el modo de reencontrarse. Cuanto menos, ése es el plan. Sin embargo, la suerte no apunta en tal dirección. Algunos años después, las vidas de Jonathan y Sara han emprendido direcciones drásticamente distintas, hallándose ante la perspectiva de casarse con otra persona. De una vez por todas, ha llegado la hora de la verdad para ambos al tratar de satisfacer la curiosidad localizándose mutuamente por todos los medios posibles. Pero, ¿podrán burlar el destino y sujetar sus riendas?.
Según la wikipedia (allá cada cual) Serendipia "es un neologismo procedente de la palabra serendipity y hace referencia al modo en que se produce un descubrimiento científico trascendental que se realiza de repente gracias a un accidente o una extraña casualidad."
Extrapolada a un ambito mucho más convencional, la serendipia sería una increible casualidad, quizá como tantas se dan en nuestras vidas, en infinidad de detalles, pero ésta además se caracteriza por resultar tan descabellada que resulta imposible no pensar que ha podido ser dirigida por "algo", llamémoslo... ¿destino?

viernes, octubre 21, 2005

The night of the parrot


Pos eso, esta noche ha sido la del loro. Ya me sé de memoria todas las imperfecciones de la loza del baño. De hecho, creo que he dejado una especie de surcos sobre las baldosas que a modo de raíles me llevaban de la cama al baño y de éste a la cama. Y es que la culpa la tiene la ingente cantidad de mierda plastificada que nos llegamos a comer. Uno ya no es capaz de discernir qué pudo llegar a ser lo que le sentara mal. Glutamato monosódico, conservantes, estabilizantes, espesantes, guisantes y colorantes y otros cientos de aditivos varios. Cientos de productos que se encargan de convertir un truño de perro en un suculento chuletón. Así nos va. Ahora les dejo, ya saben dónde encotrarme, y háganme caso: cenen algo ligero. Las pizzas las carga el diablo.

jueves, octubre 20, 2005

Amargados


Hay personas que deberían llevar un cartel sobre la cabeza, un rótulo luminoso de grandes proporciones que anunciara su estado de ánimo para que todos supiéramos a qué atenernos. Suelen ser, estos especímenes, egoístas en grado superlativo. Yo lo sé bien porque aunque me esfuerzo por no contrariar al prójimo cuando es mi propio estado de ánimo el que anda contrariado, lo cierto es que no siempre lo consigo; me siento egoísta en esos momentos muy a mi pesar. Deduzco, pues, que el amargado sistemático e inmoderado debe por tanto rebasar cotas de egoismo inusitadas. Nadie tiene la culpa de nuestras desventuras y sin embargo a menudo cargamos contra personas que, no sólo no son las causantes de nuestros males, sino que la mayor parte del día se esfuerzan por hacernos sentir mejor. Elegimos como víctima propiciatoria a la persona de nuestro círculo más íntimo, aquella ante la que no cabe despojarse ya de más velos y descargamos injustamente toda la bilis depositada sobre nosotros, injustamente también. Rubricamos con nuestros actos una doble injusticia, redoblamos la moneda de nuestro amargo pago y corremos así el peligro de perpetuar la inercia de un mal absurdo henchido de azufre, una suerte de arma arrojadiza de alcance tan incierto como peligroso.

domingo, octubre 16, 2005

Padres


Hoy he ido a comer a casa de mis padres. Había transcurrido el tiempo necesario como para intuir el aluvión de reproches velados que debería soportar en cuanto cruzara el umbral de mi antiguo domicilio. "¡Qué caro eres de ver, hijo mío!", ¡Dichosos los ojos!", "¡Contigo quería yo hablar"!, ... bueno, la verdad es que muy diplomáticos, así, de entrada, no fueron, pero lo cierto es que tenían razón. Cada vez dejo pasar más tiempo entre visita y visita, y eso hace que me sienta francamente mal, me acarrea un sentimiento de culpabilidad absurdo porque..., lean esto bien, ¡Los veo cada semana! Cada jueves para ser exacto. Los dos como un reloj, a la puerta del curro, que yo no sé cómo no se descojonan de risa los compañeros, o el personal de seguridad de la entrada, que ya nos deben de tener calados. La cuestión es que los padres tienen esa aura de autoridad implicita que rodea todo cuanto dicen y/o hacen, reconvirtiéndote en el pequeño mequetrefe que eras con sólo intercambiar cuatro frases hechas contigo. No se cuestiona lo que dice un padre, no señor, aunque por dentro te estés cagando en todo tu santo linaje. Que te sueltan un bocadillo de panceta con suficientes calorías para frenar el hambre en Africa durante una semana, pues te lo comes y a callar; que el cocido te produce flatulencias, pues te las guardas que van a subir el gas natural,...y así con todo. Y de política o de futbol mejor no hablamos; lo que no aguantarías a un extraño sin la consiguiente pateada testicular, a tu santo progenitor sin chistar. Bueno discutir sí que discutes, pero sabes que la sangre no puede llegar al río, porque tarde o temprano ahí estás tú otra vez, tragando en todos las acepciones del término. Procurando sacarle brillo a esa faceta tuya de fajador impenitente. Y luego esas toneladas de comida ya de vuelta a casa, que los vecinos te ven y luego corren al televisor para ver si anuncian alguna catastrofe de esas que empuja a las masas a saquear los supermercados. En fin, qué les voy a contar que no sepan ya. En todos sitios cuecen habas y en mi casa incluso algún domingo.

sábado, octubre 15, 2005

Pitol de la mano


Andaba yo esta mañana por el Corte Inglés, aparcado cariñosamente por mi mujer en la sección de libros, mientras ella daba rienda suelta a esa críptica y nunca bien ponderada pasión femenina por el "prêt-à-porter" de ocasión. Siempre acostumbro a dar una primera vuelta de reconocimiento para hacerme una somera composición del lugar: dar con las últimas novedades editoriales y sortear las toneladas de volúmenes para codigoDaVincianoadictos con las que los dependientes construyen castillos y parapetos varios, mientras intento desenterrar las joyas literarias (pocas encontraran aquí pero haberlas haylas) que acostumbran a dormitar tras los susodichos parapetos o bajo ingentes cantidades de morrala de autoayuda. En esas circunstancias concedo un breve tiempo de descanso a mis manos (hartas de tareas mundanas propias de manos, no me piensen mal), para que se abandonen y divaguen acariciando todo tipo de cubiertas y tapas. He estado tentado en llevarme cien libros (es lo que tiene la tentación, que no cuesta dinero) pero la realidad económica obliga, la realidad económica y el buen hacer de ciertos escritores cuya letra impresa acostumbra a decantar la balanza de nuestro medroso albedrío, que cede ante reflexiones tan hermosas como la que aquí les dejo, y con la que de bruces me tope en cierta contraportada:
"Uno, me aventuro a decir, es los libros que ha leído, la pintura que ha conocido, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas".
"...una suma mermada por infinitas restas". Me sorprendió que semejante fórmula, tan cargada de razón, pudiese expresarse al mismo tiempo de forma tan bella y simple. No pude por menos que rebuscar en mis bolsillos y copiarla en uno de tantos papeles que siempre van conmigo y que en todos sitios pierdo. La frase es de Sergio Pitol y el libro es "El mago de Viena". Este mago, el vienés, no vino conmigo a casa. Me llevé al otro, al mejicano, cautivo en un libro de relatos publicado por anagrama: "Los mejores cuentos". En la portada aparece una foto suya, sonriente, sentado sobre un poyo, con las piernas cruzadas y los brazos extendidos, reposando las manos sobre dos objetos propios de un mago o un prestidigitador: un bastón y una gallina. En casa lo tengo, esperando sentado a que yo ponga al día mis lecturas. Acariciando su gallina mejicana de barro cocido y la empuñadura de su bastón mientras se ríe de los templarios y de Leonardo y de todas las intrigas vaticanas, porque aquí la magia, como el bacalao, la cortan los de siempre.

jueves, octubre 13, 2005

Walken



Alto, delgado, desgarbado, con el pelo indomeñable ("Mi pelo fue famoso antes de que yo lo fuese") y la mirada atormentada. Christopher Walken (Ronald Walken) nos ha prestado su imagen para vestir todo tipo de personajes, dosificando sus apariciones y la singularidad de su físico con acierto desigual pero siempre para dotar de cierto marchamo de calidad inconfundible a todas aquellas películas que forman parte de su nada despreciable filmografía.
A las órdenes de Michael Cimino intervino en el filme "El cazador" junto a Robert de Niro, papel por el que fue premiado con el Oscar y el reconocimiento de la comunidad de actores. Despuntó en "Annie Hall" (1977) de Woody Allen, donde daba vida al hermano esquizofrénico de Diane Keaton. Han sido muchas sus películas desde entonces, más de cincuenta, entre las que figuran Pennies From Heaven (Dinero caído del cielo) de Herbert Ross, nominada al Oscar; la adaptación de David Cronenberg de La zona muerta de Stephen King; Hombres frente a frente de James Foley, junto a Sean Penn; Desventuras de un recluta inocente de Mike Nichols, basada en la obra teatral de Neil Simon; el descarnado drama policial de Abel Ferrara King of New York; y la comedia de Joe Roth Americas Sweethearts, co-protagonizada por Julia Roberts, Billy Crystal y John Cusack.
En los últimos años Walken ha logrado crear algunos de los personajes más memorables de la historia del cine, interviniendo en papeles de reparto y cameos como Vincent Coccotti en Amor a quemarropa de Tony Scott, como el capitán Koons en Pulp Fiction de Quentin Tarantino (impagable el monólogo que, ante un Bruce Willis niño, desvela la historia del reloj que perteneció a su padre), como Carlo Bartolucci en Suicide Kings, como El Jinete Decapitado en Sleepy Hollow de Tim Buron, y como el deshonesto hombre de negocios Max Shreck, en Batman vuelve de Burton. ...
De todas sus interpretaciones y sin contar todas aquellas por las que ha sido sobradamente reconocido, guardo especial recuerdo del profesor Johnny Smith ("La zona muerta"), sobretodo en aquella escena en la que se encuentra fortuitamente con quien fuese su prometida antes del accidente que le dejó en coma durante varios años: Se abre la puerta y aparece una mujer (Brooke Adams - Sarah) que colabora en la campaña electoral del candidato "Sheen", la mujer con quien, ayer, íbamos a compartir la vida. Hoy, esa mujer sonríe distante y nos mira como se mira un recuerdo ajeno; nos presenta a su marido, nos dispensa cuatro palabras que pretenden ser cordiales y se despide rápidamente, como si ayer fuese hace mil años. Se cierra la puerta, y con ella el nudo que anida en nuestra garganta.
Recientemente he visto "Around the bend" ("A la vuelta de la esquina", aquí una entrevista) y Walken ha vuelto a trenzar ese nudo a su antojo. Gracias por seguir ahí, Ronie. Estamos contigo.

martes, octubre 11, 2005

El último cigarro


Decidió encender un cigarrillo. La cajetilla reposaba a un lado medio abierta, junto al encendedor y las llaves de la casa a la que no pensaba volver jamás. Era un paquete nuevo. Nada especial. El primero en once años, sólo eso. Entró en el estanco y permitió que aquella mujer de mirada opaca eligiera por él. Parecía desconcertada cuando le propuso elegir la marca que fumaría el resto de su vida. Desconcierto y aprensión, cierto brillo chisporroteando brevemente y luego de nuevo la desidia que enfangaba sus ojos de muñeca ausente, surgiendo a borbotones, anegándolo todo. "Me llevaré también un encendedor. Elija el que elegiría para hacerle un regalo a alguien querido; un hijo o un sobrino; no, no, mejor a un amante; a un antiguo amante a quien no ve desde hace muchos años; al que fuera el amor de su vida". Cogió, sin embargo, lo primero que le vino a mano, o esa fue la impresión que le causó al contemplar como se daba la vuelta sin prisa ni pausa de la que pudiese inferirse atisbo alguno de reflexión. "Está muerta...", pensó, "...tan muerta como yo". Se marchó sin recoger la vuelta, pagó el doble y se marchó dejando tras sí el alborozado tintineo de las campanillas que pendían en la entrada. Cruzó la calle ignorando el tráfico, ascendió hasta la azotea de su edificio, se sentó en el antepecho de la balaustrada principal y encendió el que sería su último cigarrillo.
Al exhalar la primera bocanada recordó haber leido en alguna parte que los hombres son mejores cuando escriben que cuando hablan. Maldijo no disponer de papel ni de nadie que pudiese dar cuenta de sus palabras escritas; no palabras de callarse cosas sino de decirlas, bien claras. Dió un par de caladas más, la última desprendió unas cuantas pavesas que descendieron trazando espirales candentes como almas caídas. Las siguió con la mirada perdida y el corazón más perdido aún y supo entonces que la suya era la agonía en la memoria de todos los corazones.

lunes, octubre 03, 2005

Eclipse


En 2026 se repetirá. En 2028 será nuevamente anular. "Para entonces tengo tiempo de preparar unas vacaciones a cualquier otro lugar donde la gente no se comporte como los figurantes de la invasión de los ultracuerpos". Pensé esto mientras a mi alrededor todo el mundo parecía haberse levantado con el propósito de presenciar aquel fenómeno único (otro más junto a los gavilanes): turistas, estudiantes, oficinistas, niños, jubilados y señoras de las que se desgañitan frente al televisor viendo "El diario de Patricia", estas últimas también escudriñando el cielo, con la marcialidad que sus maltrechos cuerpos a penas sí les permiten adoptar, y esas gafas trekkies de diseño imposible...

Andaba en estas cuando reparé en mi sombra. Aquella luz crepuscular debía ser la causante porque así, a bote pronto, me resultó extraña. Hermosa y nítida como una acuarela. Casi viva. No, decididamente aquella no podía ser mi sombra. Si bien se ajustaba a las dimensiones y hechuras capaces de satisfacer un examen poco riguroso, lo cierto es que había algo en ella que por no resultarme familiar suscitaba cierta aprensión, algo así como cuando uno se acerca a un objeto extraño con la sospecha de que pueda cobrar vida de un momento a otro. Observé con detenimiento el novedoso detalle con que se cincelaba mi silueta por las aceras al tiempo que me sentía arrastrado por ella. Sí, estaba tirando de mí, podía sentir como tiraba de mí a lo largo del adoquinado pavimento mientras todos aquellos marcianos de ópera bufa seguían pasmados mirando el cielo. Nadie parecía darse cuenta. Nadie excepto yo, que seguí a mi nueva sombra por entre los callejones sombríos y húmedos de "Ciutat vella" con el paso apremiante de quien parece estar buscando un W.C. Anduve así un largo trecho, con una prisa absurda que me gobernaba, siguiendo aquella sombra que se deslizaba por las paredes con desenvoltura líquida, obligándome a danzar bajo los soportales, diluyéndonos ambos súbitamente en todos los escaparates, fundiéndonos como cuentas de mercurio en cuantos charcos surgían a nuestro paso. Sucedió al doblar la esquina. Una de tantas, pensé entonces. Ahora y siempre la esquina del eclipse. Una chica con cara de no entender nada se detuvo azorada a un par de metros, frente a mí. Trataba de recomponer su aspecto mientras me miraba hecha un mar de dudas. Nuestras sombras se besaron, lánguida y apasionadamente mientras nosotros recuperábamos el aliento. Hicimos como que no veíamos, nos sonreímos por compromiso, intercambiamos varias fórmulas de cordialidad improvisada y prometimos volver a vernos un día de estos, tras cesar el eclipse, cuando nuestras sombras recobraron su naturaleza inerte. Intercambiamos teléfonos y bromeamos un poco. Sus ojos parecían cansados y tristes, todavía con cierto poso de desconcierto rielando en su fondo ambarino. Tal vez los vuelva a ver en el dos mil veintiséis o veintiocho, cuando se repita el fenómeno y se busquen nuestras sombras, y nosotros no tengamos más remedio que asistir expectantes y cariacontecidos al sombrío enlace. Llevaré conmigo unas de esas gafas de diseño imposible y esperaré su llegada con ellas puestas, al abrigo del fuego solar y el brillo cobrizo de sus ojos tristes.

sábado, octubre 01, 2005

Pasó una nube

Demasiado tiempo en el camino, conmigo. Mascullando verdades crepusculares, enhebrando pensamientos muertos...
Retomé el camino sólo hace tanto tiempo que ya no consigo recordar cuándo ni por qué. No sabría, me temo, desandar lo andado. Ni aligerar el paso. No sabría acompasar las risas ni perseguir el vuelo de las palabras ni someterme a la cadencia del idioma fresco que me ofreces y que ya apenas reconozco.
Recobrar el aliento a la sombra de algún recuerdo es todo cuanto me queda, todo cuanto me puedo permitir. Y esperar. Y veros pasar sonriendo de la mano. Soñar con hacer mía la complicidad que os uniforma y tratar de comprenderla. Memorizarla como la letanía escolar de la última lección aprendida; salmodiarla ya de vuelta al camino. Otra vez sólo, conmigo.

miércoles, septiembre 28, 2005

House


El doctor Gregory House, especialista en el tratamiento de enfermedades infecciosas, "es un firme creyente de que debe curar las enfermedades, no a los pacientes".
"La serie está ambientada en un hospital universitario de Princetown, donde el Dr. House dirige una unidad especial, encargada de pacientes afectados por dolencias extrañas, en la que colaboran un selecto grupo de aventajados ayudantes.
Para lograr sus objetivos y solucionar sus casos, House no duda en enfrentarse con sus superiores e incluso con la administradora del hospital, la doctora Lisa Cuddy, con la que mantiene una relación de difícil equilibrio. Apoyado y cuestionado a partes iguales por sus colegas, House transige las leyes, apuesta por métodos revolucionarios y no se deja intimidar ni por la enfermedad ni por las limitaciones de la ciencia.
Con cuatro candidaturas a los Emmy 2005 incluyendo la de mejor actor para el británico Hugh Laurie (Los amigos de Peter, Sentido y sensibilidad, El hombre de la máscara de hierro, Stuart Little, 101 Dálmatas) da vida a este personaje, muy distinto de los protagonistas de otras producciones de este tipo. Junto a él, destaca la presencia de Robert Sean Leonard (El club de los poetas muertos, Mucho ruido y pocas nueces, La edad de la inocencia), que da vida al oncólogo James Wilson, uno de los pocos amigos del protagonista, así como de los jóvenes actores que dan vida a sus colaboradores: Omar Epps (Alfie), como el neurólogo Eric Foreman; Jennifer Morrison (Dawson crece), como la inmunóloga Allison Cameron; y el guapo Jesse Spencer como el internista Robert Chase.
Completa el reparto la actriz Lisa Edelstein (Lo que piensan las mujeres, Mejor… Imposible), que da vida a la doctora Cuddy, responsable del hospital.
House destaca también por una original aproximación a los casos. El hecho de que el servicio donde ejerce el protagonista sea una unidad dedicada a enfermedades raras da oportunidad a los creadores para mostrar de una manera muy realista qué es lo que afecta a cada paciente: escáneres, radiografías, y secuencias figuradas del interior del cuerpo humano, al estilo Viaje alucinante, añaden un toque trasgresor y nuevo a esta producción."
Toda esta información corresponde a mundoplus.tv.

domingo, septiembre 25, 2005

Querida Joey


Querida Joey:
Dicen que te llamas Katie, Katie Holmes; que andas con un chico raro abonado a la cienciología, uno de esas multinacionales con sonrisa profident que ya no conciben la vida sin un asesor de imagen o una legión de admiradores que le recuerden cada día que es Dios. Dicen que hace tiempo que dejaste de ser esa chica de provincias que un buen día decidió salir de su pueblo, y ya puestos, comerse el mundo a ver qué tal sabía; que lo tuyo es ser actriz y lo mismo te va lo de mujer fatal que lo de chica tímida. Pero yo sé que te llamas Joey, que vives con tu hermana y sigues atrapada en un pueblo, llena de sueños y enamorada de un amigo de la infancia al que visitas cada noche, colándote por su ventana. Muchos te vimos crecer junto a él, ese tal Dawson, y maldecíamos su ventana porque no era la nuestra; suspirábamos por llevarte al baile del instituto, por besarte bajo el porche de tu casa, cada noche, al despedirnos, susurrando un "buenas noches" pronunciado como un "te quiero" mientras nos perdíamos irremisiblemente en esas cuentas de melaza con que nos miras tiernamente. Cada noche, frente a tu casa, en nuestros sueños. Buenas noches Joey. Hasta mañana.

sábado, septiembre 24, 2005

La condesa de Vilches



La Condesa de Vilches(1821-1874) fue Doña Amalia del Llano y Dotrés, y el nombre de un óleo sobre lienzo de 126x89 cm., obra de Federico Madrazo Küntz (1815-1894), actualmente expuesto en el museo del Prado y que yo ahora incluyo aquí porque sí, porque tengo muy altas pretensiones y muy poca vergüenza, y porque la única razón cabal que guía mi criterio es precisamente la sinrazón que pretende gobernar esta bitácora. Lo cierto es que, además de todo lo anteriormente escrito, que escrito queda, a menudo me abandono a la navegación incierta por estos mundillos virtuales que la red pone a nuestra disposición, y fruto de esas incursiones son estos extemporáneos hallazgos que a nada llevan, pero que encierran cierto misterio del que no me puedo sustraer plenamente. Como la mirada que la condesa regaló en su día al maestro Madrazo y que, me da en la nariz, oculta demasiados secretos de alcoba. ¡Ay, si las condesas hablaran!

jueves, septiembre 22, 2005

Neverwhere


El personal de seguridad del edificio donde trabajo es de natural taciturno, a qué negarlo. En el año que llevo trabajando aquí apenas hemos intercambiado algo más que unos parcos saludos a la entrada y la salida. Pero hoy me ha sorprendido la predisposición y prolijidad comunicativa con que me han salido (literalmente) al paso. Cabe mencionar que la presencia de dos vehículos de bomberos, varios agentes de la policía municipal y algún que otro coche patrulla de los "mossos d' escuadra", bien podían alterar el estado anímico de los seguratas, por lo general tardo y vegetativo, propio de un trabajo ingrato que les exige grandes dosis de responsabilidad a cambio de una actividad física de mojón de carretera comarcal. Al acercarme a la entrada me han informado de forma parca y un tanto expeditiva sobre el motivo que vedaba el acceso al edificio: un incendio en el juzgado 44. La causa y el estado final del mismo eran cuestiones que no parecían dispuestos a compartir conmigo, seguramente porque ya intuían lo mucho que esas explicaciones podían repetirse a lo largo del día o sencillamente porque las consideraban materia reservada para altos cargos. Parecían desacostumbradamente tensos, como con ganas de agradar y así mostrarse a la altura de las chamuscadas circunstancias. Casi me alegraba por ellos al verlos, por fin, desenvolverse en esa extraña y novedosa situación que tanto parecían haber esperado. Impertérritos, marciales, con un par. Hubiese querido permanecer unos instantes junto aquellos heroes de atrezzo, para felicitarles muy sutilmente, sin alharacas ni excesos que pudiesen menoscabar la profesionalidad y el rigor que sólo ellos parecen poner fuera de toda duda. Les espera una dura jornada, pensé mientras me apresuraba a tirar de móvil para avisar a lo compañeros. Nosotros de fiesta forzosa, sin poder acudir a nuestros puestos de trabajo, y ellos allí, al pie del cañón.
De algún modo, su existencia en la sombra me ha recordado una de mis últimas lecturas. Un libro de Neil Gaiman titulado "Neverwhere" (del que, por cierto, existe una versión televisiva de seis episodios que escribió él mismo en 1996 para la BBC. Espero poder localizarla por la red). En el libro, Gaiman recrea un submundo ubicado bajo el metro de Londres, una realidad donde coexisten "Londres de arriba" y "Londres de abajo" indisolubles y dependientes al mismo tiempo, pero inabarcables simultáneamente. Pertenecer al mundo subterráneo significaba desaparecer por completo para el mundo de la superficie. Un viaje de vuelta es imposible dado que tras ingresar en el submundo (aunque fuera de la forma accidental en que lo hace el protagonista, Richard Oliver Mayhew) te conviertes en una especie de sombra, un vago recuerdo, algo que simplemente no está ante tus ojos. Hay muchas personas con las que nos cruzamos a diario y que no parecen estar ante nuestros ojos. Como si anduvieran, resignados, de un sitio para otro buscando algo que hubiesen perdido hace mil años. No reparamos en ellos. No existen. No nos importan sus vidas, sus inquitudes o sus miedos, sus recuerdos o sus sueños. No nos importan porque no son los nuestros, porque en nuestro mundo, que somos exclusivamente nosotros mismos, no existen. El proximo lunes, cuando llegue de nuevo al trabajo, limpiaré mis gafas con empeño y abriré bien los ojos. Volveré a dar los buenos días de rigor, pero esta vez sosteniendo sus miradas con la calidez de una sonrisa. Una de esas que te hace sentir que existes incluso aquí, en la superficie.

martes, septiembre 20, 2005

"Mrs. D."


Mrs. D. ha tenido a bien sacarme a pasear durante la hora del almuerzo. Mrs. D., que es una fémina de nuestro tiempo (pero todo corazón), concienciada con lo divino y lo humano, harta de tanta injusticia y atropello social, me ha invitado a presenciar su propósito de enmienda para con el proceder improcedente de una zapatería de cierto prestigio. Carísima, por cierto. A ese prestigio aseguraba ella apelar cuando explicó a la dependienta la razón de su desazón, a saber: una par de zapatos adquiridos en dicho establecimiento habían desteñido con la lluvia de estos días y se le habían transformado en algo fucsia de aspecto acharolado. Algo inaceptable, desde luego, algo impropio del saber hacer y la distinción inherentes a la marca. Algo insoslayable de no ser porque los zapatos se compraron hace... dos o tres años. Un detalle este que permitió a la dependienta esbozar la sonrisa más impúdica, sarcástica y socarrona que esbozarse pueda en una zapatería para bajarle el copete a una clienta. La dependienta (¡Qué mal bicho!), muy estirada ella, se ha desecho en alharacas y formalidades aviniéndose a cuantas reclamaciones se quisieran formular, conocedora (la muy lagarta) de la infuctuosidad que tales acciones le iban a reportar a Mrs. D. Ésta (Mrs. D.), que no pierde la jovialidad aranesa y su flema natural así la asalten los tercios de Flandes con Don Gonzalo de Bracamonte a la cabeza, ha dado buena cuenta del impreso facilitado donde ha plasmado su queja muy risueña, muy cordial.
Allí las dejé a las dos, muy dignas en la defensa de sus posturas, mientras yo me dirigí a una pastelería cercana famosa por sus filigranas de chocolate. Las penas son más llevaderas con algo dulce en el estómago, pensé, y pertrechado de unos brownies me dispuse a enderezar la jornada de mi querida Mrs. D., desconsolada y descalza.
A Mrs D. le hubiera gustado que la dependienta fuese dependiente, y ya puestos, que se pareciera a Jud Law; que le calzase delicadamente un par de zapatos nuevos y le sonriera con picardía, rollo Alfie: "a sus pies, señorita". A Mrs. D. nunca le pasan estas cosas ni falta que le hace (le digo yo) porque tiene un novio perito que se la lleva de escursión al Montseny y a donde haga falta, con un buen par...de chirucas, que no destiñen con la lluvia.

domingo, septiembre 18, 2005

De clanes y contingencias


A veces creo que las personas, como si de miembros de un viejo y arcano clan se tratara (uno de esos cuyo origen habría que rescatarlo de la Edad Antigua y revelarlo por medio de crípticos ceremoniales vedados a las miradas neófitas), todavía se resisten a la individualidad que parece imponer las fronteras de este cuerpo que nos confina. Esta condenada unicidad que arrastramos como única verdad tangible a que aferrarnos a menudo se me antoja una ilusión, un espejismo que en un parpadeo desgarra la realidad y me la ofrece renovada, luminosa y coherente. Eso ocurre cuando el azar (esa caldera en la que bullen todas nuestras contingencias), nos acaba mostrando el camino que lleva hasta uno de esos miembros en cuyos ojos nos reconocemos; hasta un viejo y olvidado hermano que, como nosotros, ahora lo sabe, una vez perteneció al mismo clan.
La complicidad es en estos casos un fenómeno arrollador que se manifiesta en todas las vertientes y con todos los matices y las gradaciones que la paciencia del observador permita. Un hallazgo que brota de forma espontánea, expansiva, torrencial, y, casi siempre, a la postre, efímera.
Bullen y bullen nuestras contingencias, al dictado de la llama de un espíritu burlón.

martes, septiembre 13, 2005

No me jodas neng


La noticia apareció hoy. Sobre mi mesa, en una de esas fotocopias que acostumbramos a inetercambiar entre compañeros. La cosa me hizo reir, lo reconozco. La risa fácil se conjura al dictamen de las complicidades que también se pretenden fáciles. Un instante de calma y tu sonrisa resiste medio desdibujada en los labios, esta vez sopesando el contenido de la chanza, transfigurándose lentamente a medida que la guasa adquiere un cariz menos cómico.
LA NOTICIA: Inmigrantes en patera gritan "¿Qué pasa neng?"
"Un grupo de 39 inmigrantes que llegaban en patera a las costas de Fuerteventura respondió al grito de "¿Qué pasa, neng?" (el popular personaje de Buenafuente) a los periodistas y curiosos que esperaban en la costa junto a la guardia civil. Los inmigrantes, en buen estado de salud, fueron trasladados al cuartel de la Guardia Civil de Gran Tarajal para su identificación y posteriormente a El Matorral."
LA PREGUNTA: ¿Qué demonios está pasando, Neng?

sábado, septiembre 10, 2005

Rescue me


"“Rescue me”: Tras convertirse en una de las series revelación del verano pasado en USA, FOX estrena en exclusiva esta serie, que narra las andanzas de un bombero obsesionado con su ex mujer en la ciudad de Nueva York."
"El canal FOX, incluido en la oferta de Digital Plus y la mayoría de las compañías de cable, abre esta noche su temporada de otoño con el estreno de “Rescue me: Equipo de rescate”, una de las producciones más exitosas del canal FX. La serie acaba de renovar por una tercera temporada en USA.
La serie muestra la vida de Tommy Gabin, un veterano bombero del Parque 62 y padre de dos hijos, que trata de superar su depresión tras su ruptura matrimonial, la sombra del fatídico 11-S será más alargada de lo que nadie espera, y los fantasmas del pasado aparecerán en su vida.De hecho, el mejor amigo de Tommy es su primo Jimmy Keete, un bombero que falleció dentro de las Torres Gemelas, y que actúa de tutor y confidente del protagonista, que ha vuelto a caer en las garras del alcohol y el tabaco. Su enemistad con su ex mujer, que tratará de alejarlo de sus hijos, mientras rehace su vida con otro hombre, hará que la tarea de animar al bombero no sea nada fácil.La serie llega avalada por dos Premios Emmy para la dirección y el guión, y se verá todos los viernes a las 22:15 horas."