viernes, enero 20, 2006

Perdiendo los papeles


Vuelvo de la calle, de sacar la basura. Ya en la entrada y con las llaves en la mano me pregunto, una vez más, si ese vecino al que he saludado tímidamente me habrá visto. Demasiada miopía endémica (espero que no pandémica) en este pueblo; empiezo a preocuparme y anoto mentalmente el propósito de llamar mañana sin falta a mi oftalmólogo, (¿O tal vez debería buscarme un profesor de catalán que saque punta a mi dicción?). En la tele los chicos de "Caiga quien caiga" se trasladan a Salamanca para hacer chanzas sobre los dichosos papeles que hoy se han llevado. Apunto han estado de torcerse las gracias y los ingeniosos juegos de palabras, de desencadenar una salvaje e irrefrenable necesidad de resarcir agravios que no acierto a comprender, por cómo se han caldeado los ánimos cuando los lugareños han decidido soltarse animados por el calor de los focos, por la cercanía de los micrófonos y la sonrisa socarrona de los hombres de negro. Las voces disidentes estuvieron a punto de ser acalladas a golpes, cosa normal si tenemos en cuenta cómo se han cuidado moros y cristianos de azuzar a los pobres de espíritu, cómo se sirven sin mesura quienes dirigen todo esto de las embrutecidas mentes, siempre tan limpias y honestas de pura simpleza, dispuestas a que el primer hijo de puta que pase escriba en ellas lo que le venga en gana, con letras bien grandes e indelebles.
Supongo que cuando vives rodeado de fanáticos, de imbéciles que parecen haber nacido sólo para posicionarse, para lucir con orgullo un color, sea cual sea, la indiferencia puede resultarles insultante. Les miro y solo veo fichas de parchís. Ellos, a mí, ni siquiera me ven cuando saco la basura.

viernes, enero 06, 2006

Empieza el año

Ahora sí. Vinieron los reyes magos con sus prebendas, carbones, roscones y loterías que no tocan, y nos quedamos todos a la espera de iniciar un nuevo año. Porque el 2006 no empieza, desengáñense, hasta que uno no suelta los mazapanes y la zambomba y se interna nuevamente en el fregado diario que se repetirá, hasta la náusea, durante los siguientes 365 días. Ahí están los jefes, desdibujada la cínica sonrisa que se perfilaba dulzona y solícita en las pasadas vísperas festivas, con el gesto desencajado y grave que les es más propicio para ejercer de tales; ahí los compañeros, con sus historias y sus paranoias y sus gracias (que algunos las tienen), acelerados un poco más por aquello de que este año el fumar se va a acabar. Son muchos los deseos y los proyectos, como cada año. El mío, el de siempre: salud, dinero y Cindy Crawford, y en su defecto Virgencita, virgencita...

sábado, diciembre 24, 2005

Kokoro


"La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir". Lo dijo Sánchez Dragó esta semana, en una entrevista radiofónica, parafraseando a Jung - creo recordar-, en una de esas interminables campañas promocionales con que nos bombardean los escritores en cuanto sacan nuevo libro. La frase apareció al hilo de lo mucho que Dragó se jacta de haber vivido y como preámbulo de su posterior declaración de intenciones: promete (amenaza de hecho) con seguir viviendo mucho. Todo esto se entiende perfectamente después de habérsele practicado un triple bypass hace, aproximadamente, un año. Dragó, que sigue jugando a enfant terrible a pesar de su edad y con el permiso de la melindrosa y arribista Srta. Janer (recuerden el espectáculo del Premio Planeta con Marsé), aderezó la entrevista como es costumbre y marca de la casa con un torrencial anecdotario que tan pronto lo situaba en un dos caballos por Turquía a dos meses de su operación, como rememorando sus maratonianas sesiones de sexo tántrico (no me pregunten) años ha, en un hotel de Torremolinos y con una famosa actriz (asegura) que, lógicamente, ni le olvida ni ha conocido amante igual. Veintiún orgasmos reza la leyenda, ahí es ná.
Su nuevo libro lleva por título "Kokoro", que, al parecer, significa corazón en japonés ( corazón en la acepción más emotiva del término, la menos visceral, vaya) y en él, Dragó, ejecuta un más difícil todavía y se marca una autoentrevista. En fin, avisados quedan: quien tema morir de una vida no vivida que se apropie la de Mr. Dragó. Yo estoy en ello. Son diceséis euros y puedo salvar la vida.

viernes, diciembre 23, 2005

Compañeros

Ultimamente tengo algo desatendido este blog mío por el el que tanto me dejaba caer apenas hace un mes. Todo pasa: soy un hombre de pasiones breves, supongo. Prometo enmendar esta desidia transitoria y qué mejor forma que dejando unas líneas sobre las horas recién acaecidas.
Hoy he pasado la tarde con Tomeu, un viejo compañero de la facultad que ejerce y hace honor a la profesión. Es fisioterapeuta y ahora estudia osteopatía. Yo también lo soy pero sólo sobre el papel. De hecho hemos pasado toda la tarde hablando de articulaciones, la charnela dorsolumbar y cosas por el estilo. La verdad es que había momentos en que debía esforzarme por desempolvar a la carrera mis viejos y enmohecidos conocimientos de anatomía y fisiología. La pasión con que compartía conmigo todos sus adelantos y experiencias de este año era algo que sobrecogía en cierta forma. De nuevo esa pasión que tanto echaría en falta si alguna vez la hubiera experimentado. Creo que estuve cerca alguna vez. Sigo buscando...y escucho a Tomeu con las manos cruzadas sobre el mantel, jugueteando con el café, tratando de minimizar, de espaciar las miradas que a veces dirijo hacia la camarera que se encarga de nuestra mesa. La camarera se acerca con la carta de los postres. Cuando habla su acento balear se agudiza y entonces Tomeu, que también es de Mallorca, olvida el cuerpo humano y se centra en el de aquella divinidad. La mira a los ojos sonriendo y pregunta si es de ses illes. Ella asiente sorprendida como si mi amigo acabara de sacar un conejo de la chistera. Yo desaparezco mimetizándome con el entorno, esperando con una sonrisa estúpida a que sus ojos verdes se dignen caer sobre mí, siquiera sea por cortesía. Fue un minuto mágico que llenó toda mi tarde.
Ha sido una velada agradable, me digo. Me gustó charlar con mi viejo amigo, me digo también. Pero hoy hubiera dado algo por ser de Mallorca, la verdad.

martes, diciembre 06, 2005

El club de los emperadores


"La juventud envejece, la inmadurez se supera, la ignorancia puede ser educada y la borrachera se pasa; pero la estupidez es para siempre".


Aristófanes
Las reseñas cinematográficas sobre películas que, como esta, ya ha visto todo el mundo, son como cintas de vídeo con el audio desacompasado, son vueltas de tuerca que nadie ha pedido, y sin embargo uno insiste en retozar sin prisas en su terquedad, ¿Acaso puede alguien privarme del placer de saberme eternamente rezagado? claro que no.
La película es la historia de siempre. Otro club pero sin poetas muertos, de nuevo el ensalzamiento a ultranza de la tradición, vetustas instituciones sumergidas en bucólicas campiñas, valores monolíticos que deben regir el destino de los futuros hombres —"El carácter de un hombre es su destino", dice el propio profesor Hundert—, de nuevo la posibilidad de jugar con la maleabilidad que se le supone al alumnado.
No puedo evitar asociar ficción y realidad; un amigo mio recien acaba de ver cumplido su sueño: ser profesor. La vocación ha podido más, en su caso, que todo el miedo que con nuestros consejos velados tratábamos de imbuirle. Ha dejado un trabajo cómodo y sencillo, una rutina confortable, por la aventura de enseñar. Veo al profesor Hundert y creo ver a mi amigo. Un hombre que atesora grandes valores, culto, extremadamente culto y sensato. Creo, firmemente, que muchos alumnos acabarán agradeciendo que un día mi amigo decidiera dejarlo todo para cruzarse en sus caminos.

jueves, diciembre 01, 2005

hipertrofia gonadal


Hacía tiempo que no echaba unas líneas. Es una pena que tenga que ser en estas condiciones, con los bajos hinchados a costa de la pachorra humana con la que tiene que lidiar uno día a día. Hoy ha sido uno de esos días en los que dejas de ser invisible y maldices el momento en que cobraste tangibilidad para el resto del mundo: ¡Eh, tú! ¡Mequetrefe! mira mi ombligo. Es el ombligo del mundo, me sueltan los "hombres-ombligo", como si sus ombligos no acumularan pelusilla, como si fuera aquello un granero de flores de lis. Es lo que tienen los ombligos, que crecen siendo el centro en torno al que gravitan míseros universos de poliespan y purpurina, y los demás, los "hombres-quetefollen", tan solo vinimos al mundo para dar testimonio de la belleza que irradian aquellos, para boquear estupefactos ante los pesares y tribulaciones que asolan sus divinas existencias. Pobrecitos. Sólo ellos tienen problemas, sólo ellos tienen ombligo.

domingo, noviembre 20, 2005

El elefante encadenado


"Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía creía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...."
Jorge Bucay

lunes, noviembre 07, 2005

Esto no viene a cuento de nada

"Cultivo el odio a la acción como una flor de invernadero. Presumo ante mí mismo de mi disidencia de la vida".

Fernando Pessoa.

...Creí ganarle la partida al tiempo y era el tiempo el que se dejaba hacer. Malbaratando constantemente mis horas, regalándolas a manos llenas,...

sábado, noviembre 05, 2005

Arde París

¿Qué diablos está pasando allá arriba? Arden coches y edificios día tras día y quienes participan de tanta locura ni siquiera esperan a que caiga la noche para dar rienda suelta a todo el salvajismo y la ira contenida durante años (con o sin razón). ¿Tendrá acaso algo que ver el carácter autoritario y la férrea voluntad del ministerio de interior francés por implantar la mano dura?¿Será que palabras como "chusma" o "gentuza" o "escoria" en boca del inefable Sarkozy y con los cuerpos todavía calientes de Ziad y Banou, constituyen el único bálsamo que conoce el ministro para apagar tanto fuego? "Cuando uno dispara balas verdaderas contra la policía uno no es un joven sino un matón", apostilló en una ocasión quién sabe si para justificar lo injustificable. De todos modos, ahora sí, ya solo caben los remedios fascistas. Hay que tirar de antidisturbios y de tanquetas y de todas esas historias ante cuyo despliegue se deleita tanto autoritario acomplejado.
Deberían echar un vistazo a nuestros vecinos todos aquellos que durante tanto tiempo ( y aún hoy) se han dedicado con inquina y ahínco a sembrar odios y a exacerbar diferencias de modo tan maniqueo y arbitrario. Deberían poner sus barbas a remojar desde el mismo día en que se encaminan ufanos hacia su urna, papeleta en mano, previsibles en su suficiencia como elefantes en una cacharrería.

viernes, noviembre 04, 2005

Mr.Ansar, Where are you?


Ando enfrascado en la lectura de todos los artículos que Javier Marías (me deshago en genuflexiones) publicó en el suplemento dominical de "el País" desde febrero 2003 a febrero de 2005, unos noventa y nueve creo recordar, y que ahora vienen primorosamente recogidos de la mano de alfaguara bajo el sugerente título de "El oficio de oír llover". La cuestión es que casi me había olvidado (del todo es imposible) de todo el odio y la crispación que Mr. Ansar y sus adláteres sembraron a lo largo y ancho de nuestro singular conjunto de singularidades nacionales, por no nombrar lo mucho y bien que se le recuerda en algunos de los corrillos que se forman entre los clientes del hotel Guantánamo o los lugareños que sobreviven en Irak. Casi me había olvidado, digo, porque es absolutamente imposible (ni en modo alguno pretendo, flaco favor democrático nos haríamos) amordazar a todos los voceros que en el PP han sido y que todavía siguen ladrando al son de tripartitos, estatuts y de más historias propiciatorias de las más arrebatadas soflamas que a la menor ocasión nos sueltan de carrerilla, como si de una consigna "Made in FAES" se tratase. La primera parte del libro (sigo con él) es un florido homenaje a la gestión de ese pequeño gran hombre que a tantos comediantes e imitadores ha dado de comer y que, al mismo tiempo, tantos atragantamientos masivos ha producido con su sola presencia, con la versatilidad de su verbo anglosajón (solo comparable a la del príncipe gitano - escúchese "In the ghetto"-) o su contagiosa sonrisa de indigestión perpétua. Mr. Ansar, ¿Por dónde anda, buen hombre? No , no, no hace falta que vuelva, no se moleste, con lo que nos ha costado que se largara (qué largo se nos hizo verle cumplir su promesa de batirse en retirada y qué caro nos lo cobró), estas líneas eran solo para rendir homenaje a todas aquellas veces, pocas, que nos ha hecho reír con el fruto de su disparatado, ególatra e insufrible proceder. ¡Ole Mr. Ansar! pero, en lo sucesivo, por favor, que le rían los chistes en su casa.

martes, noviembre 01, 2005

Neverland


Nos mentiste Peter, muchacho, nos llenaste la cabeza de pajaros. Renunciamos a comernos el mundo y permitimos que se lo repartieran los mismos desaprensivos que vimos salir en estampida, alejándose en frenética carrera, todos buscando a empellones un sitio en la feria que nos ha tocado vivir. De entre todos los que resistieron, de entre todos los que juraron no marcharse tan sólo permanezco yo, sentado en el que bien podría considerarse mi peldaño, en esa vieja escalera que ha visto subir y bajar a tanto advenedizo en ciernes. Todos se despidieron de mí sin mirar atrás: prescindible siempre como las cosas sin remedio, ya me conoces.
Con la misma cara de imbécil, Peter, con la misma me he quedado recordando toda la gracia que gasté a manos llenas cuando la creía eterna e inmensurable. Que poco te hubiese costado ponernos sobre aviso. Con todo sigo esperándote, Peter, algo cansado ya, la verdad, con el pecho menos liviano emponzoñado como lo tengo de tanta certidumbre consumada, de tanta realidad que no digiero. Envía a alguien que me recoja, que me lleve bien lejos, que me cuente de tí todo lo que ya a penas consigo recordar.
Los días transcurren desangelados y grises, Peter, cuando ya nadie comparte contigo el pan y la sal. Nos mentiste, Peter, y yo no consigo creer en nada que no sean tus mentiras.

domingo, octubre 30, 2005

A good Woman

Un joven matrimonio es expuesto a un peligroso rumor que circula en la alta sociedad. Robert Windermere es acusado de proporcionar cuantiosas sumas de dinero en secreto a Mrs. Erlynne, una madura mujer de dudosa reputación, mientras tanto, su mujer Meg Windermere llama la atención de Lord Darlington, un conocido playboy. La llegada de Mrs. Erlynne a la Costa Amalfitana la convierte en el foco de atención de todos los hombres de la Riviera, en especial de Lord Augustus "Tuppy", quien le declara sus sentimientos desde el primer momento. En el 21 cumpleaños de Meg la situación llega a un punto crítico, la joven esposa despechada huye de la fiesta para fugarse con el atractivo Lord Darlington.



Hoy he visto esta película, un poco a destiempo, lo sé (ya no frecuento tanto los cines como antes). Aparece Helen Hunt, y eso para mi ya era un motivo de peso. La he visto, a Helen, un poco ajada; aunque su papel, me he dicho como quitando hierro al asunto, requiere que la protagonista sea una mujer madura hasta el punto de poder arrogarse la maternidad de otra de las protagonistas, eso y cierta belleza que dé crédito a su papel de mujer fatal. De acuerdo, Helen es ideal para el papel, pero me duele comprobar como el paso del tiempo emborrona una belleza que no debería desaparecer jamás, me duele aunque sea un espejismo eventual ejecutado deliberadamente por el equipo de maquillaje. Hay mujeres de las que uno un buen día se enamora y ya permanecen por siempre como deificadas, a resguardo del perentorio flujo temporal; inmaculadas en una imagen que nuestra mente corteja a su antojo; cautivas en la magia de cuatro escenas recurrentes que se nos aparecen como por ensalmo cuando alguien pronuncia sus nombres. Ya tendré tiempo de enamorarme de Scarlet johanson, no lo descarto. Por lo pronto prefiero abandonarme a mis añejas y fieles ensoñaciones.
Suena "Brown eyed girl" de Van Morrison en mi ordenador. Alzo mi vaso y cuatro pedazos de hielo danzan apretados entre el cobre del bourbon. Cierro los ojos y te veo pasear con el sol a tu espalda, nimbada por la luz que juguetea con tu pelo. Te detienes y sonríes, y el mundo, que se detiene contigo, me parece hermoso porque tú habitas en él. Porque respiras en algún sitio ajena a mi desvarío y sonríes para alguien con mucha, mucha suerte. Brindo por la suerte de ese hombre; mantengo mis ojos cerrados y brindo por su condenada suerte.

sábado, octubre 29, 2005

Cuenta hasta cien



Yo estoy chungo. Yo sé que esto mio no es muy normal y que el día menos pensado hago de esta aldea cutre y cateta hasta las trancas otro Puerto Urraco. Sé que en el fondo vivo amargado en esta villa de paletos acomplejados por mucho que la gente se empeñe en decirme que soy y se me ve muy majo, que, por otra parte, es lo que acostumbra a decirte la gente cuando les importas lo mismo que un escarabajo pelotero. Ya sé que no se puede generalizar pero yo lo hago, porque sí, porque estoy hasta las pelotas de vivir en un pueblo de mierda donde te hacen volver a tu casa cuando te faltan diez céntimos para comprar el periódico y sus DVD's de la colección de turno que sea (aunque sepan que llevas años viviendo en el pueblo y lleves dejados cinco sueldos en propinas por no querer recoger la vuelta, tonto que eres); porque estoy hasta los huevos de que te nieguen el saludo en la calle, seguramente porque no hablo catalán, como ellos, o porque lo hago como si mascara cien euros de chicle mientras canto Mami qué será lo que tiene el negro; porque me revienta que el de la luz, el gas o cualquier otro tio que se digne a picar (aporrear normalmente) mi puerta se marche y me deje tirado porque algún vecino cabrón le ha dicho que ahí no vive nadie (que hijos de puta, claro, si para ellos todo lo que no sea babear obnuvilados por sus gegants y sus geperuts y sus chorradas folclóricas es no vivir, no conciben que me atrinchere y no comparta el regocijo de los lugareños y que no me provoquen erecciones ni multiorgasmos todas esas fiestas populares que parecen organizadas por mongólicos profundos). Nada hombre, no me lo tengan en cuenta, un mal sábado lo tiene cualquiera. Yo en el fondo soy muy majo y los catetos de este pueblo, para mí, majííísimos.

jueves, octubre 27, 2005

Invisibles


Supongo que nunca se es plenamente consciente. Acaso tan solo en contadas ocasiones. Seguramente la inabarcable sensación de desarraigo se vuelve más sombría y tangible cuando acertamos a dar con aquello que nos obliga a ver con nuevos ojos. Cuando ya menos cegados por el vislumbre súbito de la realidad, empiezan estos a beber la nueva y mortecina luz que nos es dada a cucharadas secas y destempladas.
Somos vistosos trajes que ocultan y escamotean, prendas primorosamente elegidas de las que nos vemos despojados al menor contratiempo. A veces, las menos, hay cierto alivio en ello y agradecemos que cese finalmente la mascarada. Otras veces, en cambio, comprendemos horrorizados la verdadera magnitud de nuestra propia desnudez, de la vacuidad que nos conforma.
Invisibles en la calle, o en nuestro trabajo, o ante los ojos de quien amamos, invisibles siempre, tarde o temprano.

domingo, octubre 23, 2005

Serendipity




¿Te gusta el cine ñoño y pastelón? ya sabes, ese tipo de comedias románticas en las que todo acaba invariablemente bien, donde el chico encuentra chica y no hay dios que los separe se convierte en el "leit motive" en torno al cual gira todo el argumento. Si es así y además te emocionas hasta con los anuncios de turrón, Serendipity es tu película.

Comedia romántica acerca de la fuerza del destino sobre dos personas que acaban no deseando otra cosa que reencontrarse. Cierto bullicioso día de compras del invierno de 1990, Jonathan Trager (John Cusack) se cruza con Sara Thomas (Kate Beckinsale). Son dos extraños en medio del gentío de la ciudad de Nueva York cuyos pasos han coincidido llevados por el loco torbellino festivo, cayendo presos de una mutua e irrefrenable atracción. Aunque cada uno de ellos está comprometido con su respectiva pareja, Jonathan y Sara emplean toda la tarde vagando por Manhattan, sin saber en todo ese tiempo el nombre del otro. Para cuando la velada llega al inevitable final, ambos sienten la necesidad de decidir el siguiente paso a dar. Cuando un turbado Jonathan sugiere intercambiar números de teléfono, Sara se detiene bruscamente y propone una idea que deja en el destino las riendas del futuro. Si resultan estar predestinados a permanecer juntos, le dice Sara, hallarán el modo de reencontrarse. Cuanto menos, ése es el plan. Sin embargo, la suerte no apunta en tal dirección. Algunos años después, las vidas de Jonathan y Sara han emprendido direcciones drásticamente distintas, hallándose ante la perspectiva de casarse con otra persona. De una vez por todas, ha llegado la hora de la verdad para ambos al tratar de satisfacer la curiosidad localizándose mutuamente por todos los medios posibles. Pero, ¿podrán burlar el destino y sujetar sus riendas?.
Según la wikipedia (allá cada cual) Serendipia "es un neologismo procedente de la palabra serendipity y hace referencia al modo en que se produce un descubrimiento científico trascendental que se realiza de repente gracias a un accidente o una extraña casualidad."
Extrapolada a un ambito mucho más convencional, la serendipia sería una increible casualidad, quizá como tantas se dan en nuestras vidas, en infinidad de detalles, pero ésta además se caracteriza por resultar tan descabellada que resulta imposible no pensar que ha podido ser dirigida por "algo", llamémoslo... ¿destino?

viernes, octubre 21, 2005

The night of the parrot


Pos eso, esta noche ha sido la del loro. Ya me sé de memoria todas las imperfecciones de la loza del baño. De hecho, creo que he dejado una especie de surcos sobre las baldosas que a modo de raíles me llevaban de la cama al baño y de éste a la cama. Y es que la culpa la tiene la ingente cantidad de mierda plastificada que nos llegamos a comer. Uno ya no es capaz de discernir qué pudo llegar a ser lo que le sentara mal. Glutamato monosódico, conservantes, estabilizantes, espesantes, guisantes y colorantes y otros cientos de aditivos varios. Cientos de productos que se encargan de convertir un truño de perro en un suculento chuletón. Así nos va. Ahora les dejo, ya saben dónde encotrarme, y háganme caso: cenen algo ligero. Las pizzas las carga el diablo.

jueves, octubre 20, 2005

Amargados


Hay personas que deberían llevar un cartel sobre la cabeza, un rótulo luminoso de grandes proporciones que anunciara su estado de ánimo para que todos supiéramos a qué atenernos. Suelen ser, estos especímenes, egoístas en grado superlativo. Yo lo sé bien porque aunque me esfuerzo por no contrariar al prójimo cuando es mi propio estado de ánimo el que anda contrariado, lo cierto es que no siempre lo consigo; me siento egoísta en esos momentos muy a mi pesar. Deduzco, pues, que el amargado sistemático e inmoderado debe por tanto rebasar cotas de egoismo inusitadas. Nadie tiene la culpa de nuestras desventuras y sin embargo a menudo cargamos contra personas que, no sólo no son las causantes de nuestros males, sino que la mayor parte del día se esfuerzan por hacernos sentir mejor. Elegimos como víctima propiciatoria a la persona de nuestro círculo más íntimo, aquella ante la que no cabe despojarse ya de más velos y descargamos injustamente toda la bilis depositada sobre nosotros, injustamente también. Rubricamos con nuestros actos una doble injusticia, redoblamos la moneda de nuestro amargo pago y corremos así el peligro de perpetuar la inercia de un mal absurdo henchido de azufre, una suerte de arma arrojadiza de alcance tan incierto como peligroso.

domingo, octubre 16, 2005

Padres


Hoy he ido a comer a casa de mis padres. Había transcurrido el tiempo necesario como para intuir el aluvión de reproches velados que debería soportar en cuanto cruzara el umbral de mi antiguo domicilio. "¡Qué caro eres de ver, hijo mío!", ¡Dichosos los ojos!", "¡Contigo quería yo hablar"!, ... bueno, la verdad es que muy diplomáticos, así, de entrada, no fueron, pero lo cierto es que tenían razón. Cada vez dejo pasar más tiempo entre visita y visita, y eso hace que me sienta francamente mal, me acarrea un sentimiento de culpabilidad absurdo porque..., lean esto bien, ¡Los veo cada semana! Cada jueves para ser exacto. Los dos como un reloj, a la puerta del curro, que yo no sé cómo no se descojonan de risa los compañeros, o el personal de seguridad de la entrada, que ya nos deben de tener calados. La cuestión es que los padres tienen esa aura de autoridad implicita que rodea todo cuanto dicen y/o hacen, reconvirtiéndote en el pequeño mequetrefe que eras con sólo intercambiar cuatro frases hechas contigo. No se cuestiona lo que dice un padre, no señor, aunque por dentro te estés cagando en todo tu santo linaje. Que te sueltan un bocadillo de panceta con suficientes calorías para frenar el hambre en Africa durante una semana, pues te lo comes y a callar; que el cocido te produce flatulencias, pues te las guardas que van a subir el gas natural,...y así con todo. Y de política o de futbol mejor no hablamos; lo que no aguantarías a un extraño sin la consiguiente pateada testicular, a tu santo progenitor sin chistar. Bueno discutir sí que discutes, pero sabes que la sangre no puede llegar al río, porque tarde o temprano ahí estás tú otra vez, tragando en todos las acepciones del término. Procurando sacarle brillo a esa faceta tuya de fajador impenitente. Y luego esas toneladas de comida ya de vuelta a casa, que los vecinos te ven y luego corren al televisor para ver si anuncian alguna catastrofe de esas que empuja a las masas a saquear los supermercados. En fin, qué les voy a contar que no sepan ya. En todos sitios cuecen habas y en mi casa incluso algún domingo.

sábado, octubre 15, 2005

Pitol de la mano


Andaba yo esta mañana por el Corte Inglés, aparcado cariñosamente por mi mujer en la sección de libros, mientras ella daba rienda suelta a esa críptica y nunca bien ponderada pasión femenina por el "prêt-à-porter" de ocasión. Siempre acostumbro a dar una primera vuelta de reconocimiento para hacerme una somera composición del lugar: dar con las últimas novedades editoriales y sortear las toneladas de volúmenes para codigoDaVincianoadictos con las que los dependientes construyen castillos y parapetos varios, mientras intento desenterrar las joyas literarias (pocas encontraran aquí pero haberlas haylas) que acostumbran a dormitar tras los susodichos parapetos o bajo ingentes cantidades de morrala de autoayuda. En esas circunstancias concedo un breve tiempo de descanso a mis manos (hartas de tareas mundanas propias de manos, no me piensen mal), para que se abandonen y divaguen acariciando todo tipo de cubiertas y tapas. He estado tentado en llevarme cien libros (es lo que tiene la tentación, que no cuesta dinero) pero la realidad económica obliga, la realidad económica y el buen hacer de ciertos escritores cuya letra impresa acostumbra a decantar la balanza de nuestro medroso albedrío, que cede ante reflexiones tan hermosas como la que aquí les dejo, y con la que de bruces me tope en cierta contraportada:
"Uno, me aventuro a decir, es los libros que ha leído, la pintura que ha conocido, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas".
"...una suma mermada por infinitas restas". Me sorprendió que semejante fórmula, tan cargada de razón, pudiese expresarse al mismo tiempo de forma tan bella y simple. No pude por menos que rebuscar en mis bolsillos y copiarla en uno de tantos papeles que siempre van conmigo y que en todos sitios pierdo. La frase es de Sergio Pitol y el libro es "El mago de Viena". Este mago, el vienés, no vino conmigo a casa. Me llevé al otro, al mejicano, cautivo en un libro de relatos publicado por anagrama: "Los mejores cuentos". En la portada aparece una foto suya, sonriente, sentado sobre un poyo, con las piernas cruzadas y los brazos extendidos, reposando las manos sobre dos objetos propios de un mago o un prestidigitador: un bastón y una gallina. En casa lo tengo, esperando sentado a que yo ponga al día mis lecturas. Acariciando su gallina mejicana de barro cocido y la empuñadura de su bastón mientras se ríe de los templarios y de Leonardo y de todas las intrigas vaticanas, porque aquí la magia, como el bacalao, la cortan los de siempre.

jueves, octubre 13, 2005

Walken



Alto, delgado, desgarbado, con el pelo indomeñable ("Mi pelo fue famoso antes de que yo lo fuese") y la mirada atormentada. Christopher Walken (Ronald Walken) nos ha prestado su imagen para vestir todo tipo de personajes, dosificando sus apariciones y la singularidad de su físico con acierto desigual pero siempre para dotar de cierto marchamo de calidad inconfundible a todas aquellas películas que forman parte de su nada despreciable filmografía.
A las órdenes de Michael Cimino intervino en el filme "El cazador" junto a Robert de Niro, papel por el que fue premiado con el Oscar y el reconocimiento de la comunidad de actores. Despuntó en "Annie Hall" (1977) de Woody Allen, donde daba vida al hermano esquizofrénico de Diane Keaton. Han sido muchas sus películas desde entonces, más de cincuenta, entre las que figuran Pennies From Heaven (Dinero caído del cielo) de Herbert Ross, nominada al Oscar; la adaptación de David Cronenberg de La zona muerta de Stephen King; Hombres frente a frente de James Foley, junto a Sean Penn; Desventuras de un recluta inocente de Mike Nichols, basada en la obra teatral de Neil Simon; el descarnado drama policial de Abel Ferrara King of New York; y la comedia de Joe Roth Americas Sweethearts, co-protagonizada por Julia Roberts, Billy Crystal y John Cusack.
En los últimos años Walken ha logrado crear algunos de los personajes más memorables de la historia del cine, interviniendo en papeles de reparto y cameos como Vincent Coccotti en Amor a quemarropa de Tony Scott, como el capitán Koons en Pulp Fiction de Quentin Tarantino (impagable el monólogo que, ante un Bruce Willis niño, desvela la historia del reloj que perteneció a su padre), como Carlo Bartolucci en Suicide Kings, como El Jinete Decapitado en Sleepy Hollow de Tim Buron, y como el deshonesto hombre de negocios Max Shreck, en Batman vuelve de Burton. ...
De todas sus interpretaciones y sin contar todas aquellas por las que ha sido sobradamente reconocido, guardo especial recuerdo del profesor Johnny Smith ("La zona muerta"), sobretodo en aquella escena en la que se encuentra fortuitamente con quien fuese su prometida antes del accidente que le dejó en coma durante varios años: Se abre la puerta y aparece una mujer (Brooke Adams - Sarah) que colabora en la campaña electoral del candidato "Sheen", la mujer con quien, ayer, íbamos a compartir la vida. Hoy, esa mujer sonríe distante y nos mira como se mira un recuerdo ajeno; nos presenta a su marido, nos dispensa cuatro palabras que pretenden ser cordiales y se despide rápidamente, como si ayer fuese hace mil años. Se cierra la puerta, y con ella el nudo que anida en nuestra garganta.
Recientemente he visto "Around the bend" ("A la vuelta de la esquina", aquí una entrevista) y Walken ha vuelto a trenzar ese nudo a su antojo. Gracias por seguir ahí, Ronie. Estamos contigo.