domingo, abril 29, 2007
domingo, abril 22, 2007
Papá Tomeu
Me enviaste un mail para decirme que ya te manejas con cierta soltura por la red. Que la nuestra va a ser una cercanía reconquistada a golpe de tecla y de ratón. Voy a ser padre, me dijistes también, ¿Cómo lo ves? Y ya no vi nada durante unos instantes.
Confieso que sentí cierto vértigo y que me descubristes un nuevo mundo de soledades sutiles con esas cuatro palabras detonadas a bocajarro. Tú, un hijo. De verás que me alegro, viejo amigo, tan sólo dame un respiro; nada, tres segundos, cinco, mejor diez. Ya. Perdona esta zozobra mía, nada esconde, nada malo, es que te imagino con un crio en brazos y...no sé yo. De repente el mundo me parece un sitio mejor, más joven, o yo más viejo y desubicado. Y así me dejas, con cierta ligereza sobre los hombros, una extraña alegría, un sabor nuevo que no consigo identificar. Hazme un favor, no le llames Alfredo, podría salirte rarito. Voy a por el Bourbon.
Confieso que sentí cierto vértigo y que me descubristes un nuevo mundo de soledades sutiles con esas cuatro palabras detonadas a bocajarro. Tú, un hijo. De verás que me alegro, viejo amigo, tan sólo dame un respiro; nada, tres segundos, cinco, mejor diez. Ya. Perdona esta zozobra mía, nada esconde, nada malo, es que te imagino con un crio en brazos y...no sé yo. De repente el mundo me parece un sitio mejor, más joven, o yo más viejo y desubicado. Y así me dejas, con cierta ligereza sobre los hombros, una extraña alegría, un sabor nuevo que no consigo identificar. Hazme un favor, no le llames Alfredo, podría salirte rarito. Voy a por el Bourbon.
jueves, abril 19, 2007
A mi flaca de manos frias

"Hay una alegría extraña en saber que aún podemos estar tristes. Significa, entre otras cosas, que no estamos perdidos."
- Mario Benedetti - "Ausencias", de Buzón de tiempo
Hoy has venido a verme. Sé que pensarás que soy un iluso, un romántico sin remedio, pero te hacía bien lejos. Tan lejos creí que estabas, tan ausente, que ya no acertaban mis recuerdos a ponerle cerco a los tuyos. Sonó el timbre un par de veces con estridencias lánguidas que nunca le conocí y apareciste tú; ante mi puerta gris y descreida, aureolada por su desvencijado marco historiado de mil preguntas que, bien lo sé, jamás ibas a formular. Has vuelto a encontrarme a pesar de mis renuncias y mi resuelta convicción de niño resabiado a no franquearte de nuevo la entrada, a no violentar con mis labios el pulso que se trasluce en tus sienes de vainilla fría y desaforada, a no recoger tu abrigo ni a dibujar ese gesto que me desarma y me traduce al lenguaje de tus ojos y en el que mi brazo te acoge plegando cortinas de aire para que tus pasos se pierdan en mis estancias, que ya son tuyas.
Trastabillando te internas en el salón, tímidamente, como si nunca hubieses conocido el escenario de mis tormentas humildes, eludiendo educadamente (acaso postergando) el beso que nunca quiero darte y que siempre te doy. La luz que guardo en mis bolsillos y que me raciono con deliberada usura, es luz de crepúsculo baldío, apenas sí me permite distinguir tu rostro delicado y anguloso; tu melena oscura como lluvia arcana, serena, la frente perlada de tanta incertidumbre como te he dado y esas manos tuyas, siempre tan frías, tan llenas de verdades rotundas que nunca escucho, y que ahora penden desangeladas y blandas, triscando tibias entre las mías. Y todo esto para qué, flaca, tanta búsqueda y desesperanza si aquí me tienes de nuevo, inerme, cansado, confundido, dejándome hacer mientras tiras de ellas y me llevas al sillón que custodia nuestra ventana. Tu ventana. Me sientas. Te siento. Mis ojos cabrillean sobre las nervaduras de cobalto que se adivinan en tu pecho, siempre cubierto de ese níveo papel de biblia que te viste entera. Trato de ganar tiempo antes de fundirme en el azogue de tu mirada que inquiere moralejas que nunca adivino. Así, poco a poco, me iré acostumbrando otra vez a tus caricias, a tus abrazos; ¡que bueno tenerte aquí, flaca!, pienso que adivinas que pienso, meciéndonos los dos una vez más, velándonos el sueño mutuamente.
Trastabillando te internas en el salón, tímidamente, como si nunca hubieses conocido el escenario de mis tormentas humildes, eludiendo educadamente (acaso postergando) el beso que nunca quiero darte y que siempre te doy. La luz que guardo en mis bolsillos y que me raciono con deliberada usura, es luz de crepúsculo baldío, apenas sí me permite distinguir tu rostro delicado y anguloso; tu melena oscura como lluvia arcana, serena, la frente perlada de tanta incertidumbre como te he dado y esas manos tuyas, siempre tan frías, tan llenas de verdades rotundas que nunca escucho, y que ahora penden desangeladas y blandas, triscando tibias entre las mías. Y todo esto para qué, flaca, tanta búsqueda y desesperanza si aquí me tienes de nuevo, inerme, cansado, confundido, dejándome hacer mientras tiras de ellas y me llevas al sillón que custodia nuestra ventana. Tu ventana. Me sientas. Te siento. Mis ojos cabrillean sobre las nervaduras de cobalto que se adivinan en tu pecho, siempre cubierto de ese níveo papel de biblia que te viste entera. Trato de ganar tiempo antes de fundirme en el azogue de tu mirada que inquiere moralejas que nunca adivino. Así, poco a poco, me iré acostumbrando otra vez a tus caricias, a tus abrazos; ¡que bueno tenerte aquí, flaca!, pienso que adivinas que pienso, meciéndonos los dos una vez más, velándonos el sueño mutuamente.
sábado, abril 07, 2007
¿Quien posee a quien?
INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ
Julio Cortázar
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa
viernes, abril 06, 2007
Ernesto no me aburras
"Nadie elige su amor sólo a partir de lo que tiene ante los ojos: todos, en realidad, elegimos nuestros amores en términos del espacio futuro que nos creemos capaces de llenar con ellos. No elegimos nuestros amores a partir de realidades sino a partir de irrealidades y de esperanzas."
Álvaro Pombo, El cielo raso.
Álvaro Pombo, El cielo raso."...Hasta aquí llegamos". Esas mismas palabras, u otras de muy parecida índole, se dijo Ernesto una tarde de nubes especialmente ociosas, quien sabe si movido por su innegable inclinación al melodrama o por el certero golpe de gracia que asestaron a su melodramático corazón las últimas palabras de Desideria Cormazán: "No es que no te quiera; es que me aburres", -y acto seguido (imponderable el efecto de sus precipitados pensamientos, ahora lo sé) añadió: "y si lo hicieras tan sólo un instante, si el tuyo fuera uno de esos aburrimientos pasajeros que apenas turban los sentidos que porfían en asirse al objeto de nuestras más íntimas veneraciones; si el tedio que me produces, que es inmenso, fuese tan sólo fruto de tu conversación o de los cauces con que gobiernas cuanto fluye por tus labios de buhonero impenitente o de tu eterna pose indolente que nunca he sabido a qué narices responde, ¡Ernesto por dios!, o a caso fuese tan sólo este ingente, omnímodo e insoslayable hastío que conozco desde que te conozco, un engaño, un espejismo con que el cansancio de mi jornada o mi natural intransigente pretende apartarme de la realidad; si alguna de estas hipotéticas justificaciones tuviera el menor viso de credibilidad en que depositar pudiera mis últimas esperanzas para salvar el poco crédito que de ti guardo, si fuesen capaces de entreabrir cualquiera de las innumerables puertas que conducen a la duda razonable que tanto ansío, si así y sólo así fuera, llegado este punto en que toca dar paso a las verdades del barquero, temblaría mi voz; y fíjate que no tiembla, Ernesto, fíjate bien que ni si quiera me tiembla el pulso cuando levanto la mano (con ganas de meterte un buen par de bofetones, ¡Qué harta me tienes, Dios!). Sólo así (¡Repito!, ¡Y no se te ocurra interrumpirme Ernesto!) hubiera alargado, quien sabe si horas o días o meses lo que ahora comprendo que no puedo postergar ni un segundo más, sabiendo como sé, desde el mismo momento en que te besé, que eres indeciblemente aburrido, Ernesto, Ernestito, incluso cuando besas."
Silencio. Durante el transcurso de siete largos, interminables minutos, Desideria Cormazán se limitó a resollar agitadamente y a recomponer el porte desmoronado ya para siempre a los ojos de Ernesto. Éste sostuvo su mirada el tiempo necesario para cerciorarse de que no habría más, de que aquellas iban a ser las últimas palabras de la frenética diatriba con que Desideria Cormazán correspondía a sus meses de vanos requiebros, a todas las flores y ferreros rocher (malgastados para siempre, ahora lo sabía, lástima), a las llamadas perdidas, a las flexiones matutinas y la seda dental, y el desodorante ese tan caro que le reportaba, creía entonces, cierta aura de agente secreto con licencia para matar (¡ay Dios!, de aburrimiento al parecer). Adios a todo en definitiva y en concreto a sus innumerables noches en vela tejiendo versos que vistieran el abismo de silencio e indiferencia con que su amada parecía distanciarse (ahora más que nunca) del mundo entero.
"No hay forma de arreglar esto"- pensó Ernesto mientras, confuso y ligeramente contrariado, apuraba su café y se disponía a recoger velas. Ya en la entrada, paralizado como por efecto de una revelación mariana se giró con una vehemencia que nadie jamás le volvería a conocer:-"¡Anda y que te divierta tu puta madre!
Silencio. Durante el transcurso de siete largos, interminables minutos, Desideria Cormazán se limitó a resollar agitadamente y a recomponer el porte desmoronado ya para siempre a los ojos de Ernesto. Éste sostuvo su mirada el tiempo necesario para cerciorarse de que no habría más, de que aquellas iban a ser las últimas palabras de la frenética diatriba con que Desideria Cormazán correspondía a sus meses de vanos requiebros, a todas las flores y ferreros rocher (malgastados para siempre, ahora lo sabía, lástima), a las llamadas perdidas, a las flexiones matutinas y la seda dental, y el desodorante ese tan caro que le reportaba, creía entonces, cierta aura de agente secreto con licencia para matar (¡ay Dios!, de aburrimiento al parecer). Adios a todo en definitiva y en concreto a sus innumerables noches en vela tejiendo versos que vistieran el abismo de silencio e indiferencia con que su amada parecía distanciarse (ahora más que nunca) del mundo entero.
"No hay forma de arreglar esto"- pensó Ernesto mientras, confuso y ligeramente contrariado, apuraba su café y se disponía a recoger velas. Ya en la entrada, paralizado como por efecto de una revelación mariana se giró con una vehemencia que nadie jamás le volvería a conocer:-"¡Anda y que te divierta tu puta madre!
lunes, abril 02, 2007
La hora del final
"La hora del final. Oigo más cerca el reloj que la va a dar. Me intriga, no me aflige demasiado. Es mi modo de elevarme un poco por encima de lo vulgar, de mi, a quien duele mucho e intriga poco. Cosas, lugares, incluso afectos, a partir de cierta edad no pertenecen a la realidad, sino a la memoria, donde su destino ya sólo es de cada cual. Sin embargo hay una desesperación mansa en nosotros por no haber realizado, no exactamente lo que se llama "el sueño", porque tener un "sueño" ya es saber lo que es, sino lo que trajera la paz por haber agotado todo lo posible, lo que en nosotros quiere responder a una voz incierta que nos habla y no conseguimos escuchar, que habla pero no sabemos de qué. Tengo en mi más posibilidades que todas las realizaciones que haya podido realizar. Pero lo más insoportable es que esas realizaciones dejen absolutamente intactas esas posibilidades. Como el hígado de Prometeo, las posibilidades se reconstruyen inmediatamente después de haber hecho efectiva una realización. Como el vientre de una mujer que queda entero para otro hijo. Una realización existe en sí misma, y por tanto, no existe en la posibilidad que se es. Y eso es lo que nos llevaremos a la muerte, ese fallo enorme de nuestra imposibilidad. Y eso es lo que mas duele ante los avisos del final: esta absoluta nulidad de lo que he hecho y la alucinación de hacer, antes de que llegue la hora."
Vergílio Ferreira, Pensar
sábado, marzo 31, 2007
Sube y punto.

Los hechos sucedieron más o menos así:
Un ascensor que se dispone a subir. Un servidor que se dispone a presionar uno de esos botoncitos tran monos que vienen en los ascensores y de los que nuestros hijos (es un decir) se chotearán en el futuro tal y como nosotros nos choteamos ahora cuando vemos el panel de control de alguna nave espacial de serie B setentera. El caso es que me disponía a subir cuando una pareja asoma precedida de un enorme carro lleno de todo tipo de artículos; cincuentones los dos y con cara de llegar tarde a casa para hacer ese pollo al chilindrón que tanto le gusta al nene los domingos y que no se emancipa ni a hostias.
- ¿Baja al parking? - me pregunta mama osa.
- No, lo siento, este ascensor sólo sube - y me quedo tan ancho.
La cara de papa oso parecía decir algo así como: "me pillas con treinta años menos y te hago un piercing con el ascensor", mezclado con algo de: "Te metía una mano de ostias, te rapaba al cero y pico y pala en la siberia, ¡Mamón!", pero claro, a lo mejor el hombre tiene el día cruzado - pensé entonces -, muchas compras, mucha prisa y un trasunto de nazareno vacilando en un ascensor.
Fue al cabo de media hora cuando cobré conciencia de que lo mío fue literalmente una vacilada que, visto retrospectivamente, debió darme la imagen de macarra pendenciero que justificara aquella cara de perro con juramento gitano por lo bajini que me dedicó aquel hombre. Resulta que el ascensor bajaba tan ricamente como subía, y todavía no sé de dónde coño saqué la inapelable certeza que debieron confundir con chulería del tipo: "este ascensor sube por que me sale a mi del tranco, y punto". ¿Dotes de convicción latentes que afloran en primavera? ¿Intimidará la pinta de chuck Norris con disentería que me ha dejado esta puñetera gripe intestinal? En todo caso, pa habernos matao.
Un ascensor que se dispone a subir. Un servidor que se dispone a presionar uno de esos botoncitos tran monos que vienen en los ascensores y de los que nuestros hijos (es un decir) se chotearán en el futuro tal y como nosotros nos choteamos ahora cuando vemos el panel de control de alguna nave espacial de serie B setentera. El caso es que me disponía a subir cuando una pareja asoma precedida de un enorme carro lleno de todo tipo de artículos; cincuentones los dos y con cara de llegar tarde a casa para hacer ese pollo al chilindrón que tanto le gusta al nene los domingos y que no se emancipa ni a hostias.
- ¿Baja al parking? - me pregunta mama osa.
- No, lo siento, este ascensor sólo sube - y me quedo tan ancho.
La cara de papa oso parecía decir algo así como: "me pillas con treinta años menos y te hago un piercing con el ascensor", mezclado con algo de: "Te metía una mano de ostias, te rapaba al cero y pico y pala en la siberia, ¡Mamón!", pero claro, a lo mejor el hombre tiene el día cruzado - pensé entonces -, muchas compras, mucha prisa y un trasunto de nazareno vacilando en un ascensor.
Fue al cabo de media hora cuando cobré conciencia de que lo mío fue literalmente una vacilada que, visto retrospectivamente, debió darme la imagen de macarra pendenciero que justificara aquella cara de perro con juramento gitano por lo bajini que me dedicó aquel hombre. Resulta que el ascensor bajaba tan ricamente como subía, y todavía no sé de dónde coño saqué la inapelable certeza que debieron confundir con chulería del tipo: "este ascensor sube por que me sale a mi del tranco, y punto". ¿Dotes de convicción latentes que afloran en primavera? ¿Intimidará la pinta de chuck Norris con disentería que me ha dejado esta puñetera gripe intestinal? En todo caso, pa habernos matao.
jueves, marzo 29, 2007
"I can't take my eyes off of you"
PARA DORMIR EN PAZ
No temo el arraigo de la soledad
en el derrumbadero de las tardes,
ni el desvalimiento de la cólera
que destruye a traición nuestra esperanza,
ni el agudo entrechocar de la erosión
en la conciencia alerta de mis huesos,
sino tu eterna ausencia repentina,
más grave y más amarga que la muerte.
Alfredo Buxán
No temo el arraigo de la soledad
en el derrumbadero de las tardes,
ni el desvalimiento de la cólera
que destruye a traición nuestra esperanza,
ni el agudo entrechocar de la erosión
en la conciencia alerta de mis huesos,
sino tu eterna ausencia repentina,
más grave y más amarga que la muerte.
Alfredo Buxán
Grey's Anatomy

Premios:
- Globo de Oro a la mejor serie de televisión- drama en 2007.
-Sandra Oh también ganó el Globo de Oro 2006 a la Mejor Actriz secundaria de Serie Dramática.
- En 2006 tanto la serie como Patrick Dempsey ganaron los premios People´s Choice.
Curiosidades:
- En el año 2006 ha sido el programa más visto en los EE UU.
- Todos los episodios de la serie en versión original , tienen como título el nombre de una canción en inglés.
- Ellen Pompeo realizó un cameo en Friends donde interpretaba a una ex compañera de clase de Ross y Chaendler.
- El nombre de la serie está inspirado en 'Gray´s Anatomy', un prestigioso tratado de anatomía.
Récord:
En 2006 ha sido el programa más visto en Estados Unidos.
si todavía no la conoces...
...no sabes lo que te pierdes.
domingo, marzo 25, 2007
Viernes, bourbon y compasión.
"Al final sólo quedarán los que quepan sentados alrededor de un tambor."

Ayer fue uno de esos días que esperas como un evento poco común. Como cuando de niño se desespera ante la inminencia de una noche de Reyes, o la víspera de un cumpleaños o de un viaje de itinerario laboriosamente programado. Ayer volví a oír el canto del hielo entre mis dedos; el humo y las palabras y la música, indiscernible ésta, y aquéllas, indisociable lo uno de lo otro cuando entras en uno de esos locales de moda donde la gente queda para tomar una copa y, aunque resulte paradójico, pretende hablar. Intentar hacerse escuchar es tan difícil que tan sólo aspiras a hacerte oír, a que tu interlocutor capte algo de entre el lodazal de palabras y frases lanzadas en todas direcciones y consiga interiorizarlo, encapsulados los dos en el artificio de esa burbuja ensordecedora que nos procuramos los seres humanos en nuestros momentos de ocio. Resulta confortable (mucho más en esos momentos) dejarse arrullar por la cadencia de una voz amiga. Una voz extraña de tan extrañada. Cobijarse en los silencios que apuntalan la muerte de algunas frases. Abandonarse en el añil de las mañanas de tantos recuerdos que ahora, el bourbon, la música, una voz, evocan con nueva luz. Esto tendríamos que repetirlo, viejo amigo. Es agradable, de vez en cuando, beber con alguien capaz de acercarse, sin prejuicios, a nuestra autocompasión.
W.G. Sebald

Ayer fue uno de esos días que esperas como un evento poco común. Como cuando de niño se desespera ante la inminencia de una noche de Reyes, o la víspera de un cumpleaños o de un viaje de itinerario laboriosamente programado. Ayer volví a oír el canto del hielo entre mis dedos; el humo y las palabras y la música, indiscernible ésta, y aquéllas, indisociable lo uno de lo otro cuando entras en uno de esos locales de moda donde la gente queda para tomar una copa y, aunque resulte paradójico, pretende hablar. Intentar hacerse escuchar es tan difícil que tan sólo aspiras a hacerte oír, a que tu interlocutor capte algo de entre el lodazal de palabras y frases lanzadas en todas direcciones y consiga interiorizarlo, encapsulados los dos en el artificio de esa burbuja ensordecedora que nos procuramos los seres humanos en nuestros momentos de ocio. Resulta confortable (mucho más en esos momentos) dejarse arrullar por la cadencia de una voz amiga. Una voz extraña de tan extrañada. Cobijarse en los silencios que apuntalan la muerte de algunas frases. Abandonarse en el añil de las mañanas de tantos recuerdos que ahora, el bourbon, la música, una voz, evocan con nueva luz. Esto tendríamos que repetirlo, viejo amigo. Es agradable, de vez en cuando, beber con alguien capaz de acercarse, sin prejuicios, a nuestra autocompasión.
sábado, marzo 17, 2007
Casi veinte años después
Sigo jugando a ser adulto. No es un juego que se me dé especialmente bien porque nunca se acaba de destacar en aquellas disciplinas para las que no se está llamado ni para las que jamás hemos mostrado la menor inclinación natural, si acaso en algún momento de nuestras vidas. A veces el empeño con que la vida te atrapa se traduce en ese perseverar, en esa nueva vuelta al tablero hastiado que no va a conseguir nada conmigo. Jamás. Con todo, me empeño en rodearme de toda la liturgia adulta que soy capaz de procurarme sin rebasar el límite que menoscaba mi inmadurez indomeñable. Sigo siendo un niño que no entiende, un niño que asiente como un adulto y mira de soslayo a los otros niños; a los que juegan a juegos de niños. Si bien es cierto que me obligo a diario no consigo evitar que la burda impostura de mis ademanes y composiciones adultas caigan en desgracia apenas las levanto con mis manos torpes de niño torpe. A veces ha resultado ser de gran ayuda cierto poso de gravedad que fondea en mis ojos al decir de quienes tuviesen la suficiente (infinita) paciencia como para comprobarlo, pero en realidad, esto no deja de ser puro artificio, efimeras pavesas de melancolia que se retuercen incandescentes tras el estrago de un incendio pasado que no logro recordar.
El azar, sin embargo, ha querido que este viernes, casi veite años después, un grupo de viejos amigos hayan decidido volver a reunirse sin el parapeto de un pupitre de por medio ni el pretexto de unas clases que habían de esclarecer nuestros futuros sombríos e inciertos, ofreciéndome así, sin ellos saberlo, un impagable respiro que me permitiera colgar mis falsas vestiduras de falso adulto.
Hubo una noche, pues, que propició el reencuentro donde se prodigaron risas desacompasadas, bocetos apresurados de vidas falsamente diseñadas, complicidades opacas que el paso de las horas volvió a enlucir con la honestidad de otros tiempos, viejas camaraderías y querencias, y desencuentros tan previsibles ahora como entonces. Hubo todo esto la noche en que constaté mi presente sombrío e incierto en sus ojos y en los mios, los ojos de una treintena de rostros desigualmente ajados por la mansedumbre de la carne para con el tiempo. Pudo haber mucho más, pero nunca lo hubo.

El azar, sin embargo, ha querido que este viernes, casi veite años después, un grupo de viejos amigos hayan decidido volver a reunirse sin el parapeto de un pupitre de por medio ni el pretexto de unas clases que habían de esclarecer nuestros futuros sombríos e inciertos, ofreciéndome así, sin ellos saberlo, un impagable respiro que me permitiera colgar mis falsas vestiduras de falso adulto.
Hubo una noche, pues, que propició el reencuentro donde se prodigaron risas desacompasadas, bocetos apresurados de vidas falsamente diseñadas, complicidades opacas que el paso de las horas volvió a enlucir con la honestidad de otros tiempos, viejas camaraderías y querencias, y desencuentros tan previsibles ahora como entonces. Hubo todo esto la noche en que constaté mi presente sombrío e incierto en sus ojos y en los mios, los ojos de una treintena de rostros desigualmente ajados por la mansedumbre de la carne para con el tiempo. Pudo haber mucho más, pero nunca lo hubo.
domingo, febrero 25, 2007
Ghost Rider

Estaba yo tratando de cumplir viejas promesas. De pie frente al armario, intentando decidir qué demonios se pone uno para cumplir con semejante evento. Cada estreno es lo mismo. Al principio, con la novedad de las primeras películas, la ilusión tiraba de uno con la energía suficiente como para que cualquier justificación se volviese irrelevante, pero con el paso del tiempo y de las sucesivas y previsibles adaptaciones cinemátográficas de la casa de las ideas, la ilusión no ha sido la misma, la verdad. Digamos que ahora me mueve mas la curiosidad (rara vez satisfecha) y cierta perseverancia que se vuelve obstinación infantil cuando me obligo a cumplir con el consabido estreno marveliano. Esta vez ha sido el motorista fantasma. La excusa: Nicolas Cage. Pero claro, hay que tener en cuenta que el tipo está un poco payá con esto del comicbook americano y que se moría de ganas por ponerse unas mallas (de hecho a su hijo le ha llamado Kar-El, y se rumorea que lo de Cage - el tio se llama en realidad Nicholas Kim Coppola- es por Luke Cage, otro personaje mítico de la Marvel más conocido como "Powerman"), así que tampoco el reparto era, en esta ocasión, acicate de nada, y mucho menos garantía de calidad. Dicho y hecho. El culo es el mejor indicador de que la cosa no funciona. Cuando no sabes como ponerlo para encontrar una posición cómoda que te permita soportar lo que tu encéfalo se niega a tragar tras los primeros quince minutos de visionado, no lo dudes, es que algo falla. "Los efectos están bien", sí, ese comentario también suele acudir a la torturada mente del espectador al cerrar los ojos y abrir la boca. La cucharada sigue siendo de mierda, no nos engañemos. Que ustedes la disfruten, si tienen huevos.
jueves, febrero 01, 2007
La Clandestina
Té moruno. Tabaco. Chocolate. Un par de chicles. Pago yo. El niño que soy entre tus brazos. La trinchera de un sofá que añora el dibujo de tu espalda.
domingo, enero 14, 2007
Bella
Bella,
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relampago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.
Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando,flor del mundo,
así te veo,
bella.
Bella,
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.
Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay paises, hay ríos
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.
Bella,
tus pechos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.
Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.
Bella,
no hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.
Bella,mi bella,
tu piel, tu voz, tus uñas,
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mio, bella,
todo eso es mio, mia,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre
cuando estas cerca o lejos,
siempre,
eres mia, mi bella,
siempre.
Pablo Neruda
¡Chin pun!
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relampago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.
Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando,flor del mundo,
así te veo,
bella.
Bella,
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.
Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay paises, hay ríos
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.
Bella,
tus pechos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.
Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.
Bella,
no hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.
Bella,mi bella,
tu piel, tu voz, tus uñas,
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mio, bella,
todo eso es mio, mia,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre
cuando estas cerca o lejos,
siempre,
eres mia, mi bella,
siempre.
Pablo Neruda
¡Chin pun!
sábado, diciembre 16, 2006
Ahora sí llegó el invierno.
"De pronto sucede que el domingo trae dentro de sí
otro domingo todavía más negro.
Con él nos mata el silencio hasta la última almena.
Con él se nos enferman las flores de todo cuidado,
y no hay nada a salvo, porque todo está,
pero se ha ido.
Hablo de esos días furiosamente adversos
en que la tristeza pregunta bajo fijo relampago,
y falta fe y faltan filos para defendernos
de tanto desierto como somos, y aún seremos.
Es cuando el alma desemboca en otra intemperie.
Es cuando cualquier vino resulta un vino mas aciago
de agonía,
y no sirve pensar que acaso mañana
vendrá al fin el alba ahijada de jazmines,
porque mañana ya fue, porque pensar ya ha ocurrido,
porque el dolor es saber que el dolor nunca acaba."
otro domingo todavía más negro.
Con él nos mata el silencio hasta la última almena.
Con él se nos enferman las flores de todo cuidado,
y no hay nada a salvo, porque todo está,
pero se ha ido.
Hablo de esos días furiosamente adversos
en que la tristeza pregunta bajo fijo relampago,
y falta fe y faltan filos para defendernos
de tanto desierto como somos, y aún seremos.
Es cuando el alma desemboca en otra intemperie.
Es cuando cualquier vino resulta un vino mas aciago
de agonía,
y no sirve pensar que acaso mañana
vendrá al fin el alba ahijada de jazmines,
porque mañana ya fue, porque pensar ya ha ocurrido,
porque el dolor es saber que el dolor nunca acaba."
Angel Antonio Herrera
"Somos los que se van." J.L. Borges.
sábado, diciembre 02, 2006
reencuentro
Estuve así mucho tiempo. No sabría decir cuanto con seguridad. Apoyado levemente, ora sobre un hombro, ora sobre otro, en el rimero de las últimas novedades templarias o en algún otro expositor de capitanesalatristes que por allí sobreabundaban, mientras te lanzaba miradas que empezaban a alejarse de la mera curiosidad. Desde hacía algún tiempo (pero ya he dicho que no recuerdo cuánto) permanecí agazapado en mi distancia, embozado en mi disfraz de bibliófilo empedernido mientras estudiaba tus movimientos. Creí en un principio que erás tú, que se trataba de tí, y fueron muchas las miradas y los rodeos y la estupida ponderación con que uno hace sus cuentas por ver si los años y algún envite mal templado eran cincel suficiente para transmutar tu efigie de chico medroso y apocado. Y no me equivoqué. Eras tú. No imaginas cuanta alegría verte de nuevo. Allí con un libro en las manos. Emocionado con algún verso que aún palpitaba en tus labios de opalo fuego, ya un tanto apagados, levemente trasijado y más encorvado (o quizá era inusitado interés por algún nuevo hallazgo), todavía con esas gafas que nada ocultan y esas cejas tan oscuras que las coronan indolentes. Esa mañana no te habías afeitado y junto al cabello largo y algo descuidado, y las magras hechuras que presentabas hubiérase dicho que andabas apurado y en mala racha, de no saber, como sabía, que no ha habido ni habrá jamás tormenta que pueda domeñar el ánimo siempre jovial y optimista que otrora te disfruté. ¡Que bueno volver a verte! ¿Cuánto tiempo habría pasado?
Me acerqué a tí y a tu libro. Enderezaste la mirada todavía perdida y me la ofreciste indefenso, no sabiendo. Hasta que supiste. Me abrazaste como se abraza uno a los restos de un naufragio. Te abracé como se abraza uno a un retazo de fé que se creía perdida. Sé que te sostuve y que me sostuviste y que tu libro cayó al suelo y que lloramos mucho ese día, por todos los días que no nos tuvimos. Pero no sabría decir cuánto tiempo con seguridad. El tiempo, siempre el tiempo.
Me acerqué a tí y a tu libro. Enderezaste la mirada todavía perdida y me la ofreciste indefenso, no sabiendo. Hasta que supiste. Me abrazaste como se abraza uno a los restos de un naufragio. Te abracé como se abraza uno a un retazo de fé que se creía perdida. Sé que te sostuve y que me sostuviste y que tu libro cayó al suelo y que lloramos mucho ese día, por todos los días que no nos tuvimos. Pero no sabría decir cuánto tiempo con seguridad. El tiempo, siempre el tiempo.

jueves, noviembre 30, 2006
El corazón lo sabe
Hay días que las ventanas se cierran sólo para que caigas en la cuenta de que un día estuvieron abiertas. Días en que el negro hace bueno al gris y no encuentras explicación cabal a tanta desventura (que no es sino la ausencia de tanta felicidad acumulada en tan breve espacio de tiempo). Estás bien. Estarás bien. Tan solo el corazón. Nada más. Mañana lucirá un Sol que no proyectará tu sombra. Volverán las sonrisas y los consejos de quienes incluso te reconvienen con la mejor de las intenciones, pero en el fondo sabrás que sólo esconden intereses bastardos y esquinados que nada tienen que ver contigo. Sólo cuenta el corazón y quien un día bebió de sus aguas tranquilas y claras. Solo el corazón lo sabe, corazón.
domingo, noviembre 05, 2006
Paja mental
"Hace mucho -no sé si dias, si meses- que no registro ninguna impresión; no pienso y por tanto no existo. Vivo olvidado de quien soy; no sé escribir porque no sé ser."
Fernando Pessoa - Libro de desasosiego
Mis días transcurren sin aliento; mis noches sin sueños. Infatuado por la presunción de los necios, juego a dejar que la vida pase ante mí y me dejo hacer como quien vislumbra lo inevitable al cabo de su calle. Es la vida misma, sin embargo, quien en realidad pasa de puntillas sobre nuestras estupidas y azarosas huellas, quien simplemente pasa de nosotros y se deja hacer, o en todo caso nos observa sin ánimo de juzgarnos ni pretender descifrar nuestras sutiles y efímeras estelas. Arden nuestras esperanzas amontonadas en la hoguera que alimentamos a diario, al abrigo de nuestras íntimas oquedades; cada día lanzamos una al fuego y recomponemos el gesto, resignado, acurrucados frente a las llamas. Jugando a adivinar qué señales nos brinda la vida que desdeñamos; qué sombras son esas que danzan en las paredes de nuestra acogedora cueva.
martes, octubre 24, 2006
sin zapato

Veniamos ya de vuelta, tratando de atenuar la sonrisa, de apresurar el paso, de sujetar la costumbre. Veniamos, en definitiva, con al aire resuelto de quienes transigen y aceptan y ocultan, sabedores de todo cuanto nos aguardaba, postergando para mejor ocasión la locura que consume nuestras horas nuevas. En estas nos hallábamos, como náufragos recien salidos de nuestro océano de requiebros y embelecos, recomponiéndonos al pie de un semáforo, cuando apareció ella y nos dejó su zapato. Una suerte de cenicienta teutona, grande y pelirroja, cruzó la calle cariacontecida, a horcajadas sobre su bicicleta. Dejó tras de sí su zapato y un reguero de vergüenza absurda que amenazaba con prender como polvora cuando me ofrecí sin más a recogerlo. Desamparada e inerte sobre aquel paso de cebra, yacía, rojo sobre blanco, una manoletina desconcertada en su recién estrenada unicidad. Deshechó cualquier tentativa de confraternización y simplemente se dejó hacer, ahormándose ahora a mis dedos que se ceñían a su piel color burdeos con el mismo rigor con que lo hiciera ésta, hacía escasos instantes, en torno al tobillo de su dueña. Brotaron risas de compromiso y cierta sombra de arrobamiento que veló su mirada neutra, ligeramente cordial. Desapareció con sus dos zapatos, sorteando charcos sobre su bicicleta de alquiler y dejando tras de sí un principio sin su fin: Una bonita historia definitivamente inconclusa. Efimera por perecedera. Perecedera por previsible.
domingo, octubre 15, 2006
Elisabethtown
"Elisabethtown". ¿Es el nombre de la chica? ¿Su apodo? No, es el nombre de un lugar. El pretexto que nos lleva a la chica: Claire. Porque siempre, siempre, siempre hay una chica (o un chico), no lo duden.

Elisabethtown ha sido escrita y dirigida por Cameron Crowe (Jerry Maguire, Vanlilla Sky,...), que tambien la produce junto a Tom Cruise y Paula Wagner. Ha sido su última criatura y en ella nos guía de la mano por una suerte de viaje iniciatico, algo errabundo y caótico (la trama a veces parece recrearse en pasajes intrascendentes y forzados), por el que Drew Baylor (Orlando Bloom) deberá transitar en la búsqueda de sus raíces familiares. El pretexto: el fallecimiento de su padre; La consecuencia: Claire (Kirsten Dunst); El destino: "Elisabethtown. El lugar donde todo empezó, el hogar al que acude el desamparado que ansía hacer tabula rasa y empezar de cero. Con esa tesitura llega Drew a la ciudad donde se crió su padre, huyendo de un fracaso laboral sin precendentes, hundido y terriblemente desorientado. En definitiva, botella irremediablemente medio vacía. Por el camino Claire, la azafata de una compañía aérea que cubre, entre otros, el desangelado vuelo que debe tomar Drew. Lo demás hay que verlo. A recordar: la interminable y reveladora llamada telefónica entre Claire y Drew. Su cita de madrugada, movil en mano, para ver juntos el amanecer. Un viaje guiado por un mapa maravilloso, el inolvidable panegírico de Susan Sarandon (la madre de Drew),...

Con todo, frases como :"Haz que se pregunten por qué sigues sonriendo, esa es la autentica grandeza" o "Aquellos que arriesgan ganan", y canciones como "It'll all work out" de Tom Petty, o "Come pick me up" de Ryan Adams (entre otras muchas, me encanta la banda sonora) hacen de esta, sino la mejor película de Crowe (que no lo es), si por lo menos una con el inconfundible marchamo de la casa, que ya es mucho.
Ahora que lo pienso hay algo de Carrie en esa Claire. La botella siempre medio llena; la vida por encima de todas las cosas, apesar de la vida misma; una ofrenda torrencial e inagotable de matices renovados, arrancados de la realidad tan solo para devolverlos notablemente mejorados; siempre una segunda o tercera lectura más audaz y certera si cabe; siempre las circunstancias sometidas al tamiz insaciable de sus ojos, que esperan. Sí, la verdad es que sus ojos siempre parecen esperarte, alentando al rezagado desde algún recodo del camino mientras estudian la hermosa disposición de las nubes o uno de tantos amaneceres; saboreando la creación bajo la sombra del árbol de la ciencia. Sus ojos, que parecen esperarte condescendientes, llenos de paz, conocedores de la medida exacta de todo cuanto habita en el corazón de los hombres, son como heraldos de un mensaje secreto que arde profundo, cifrado, sellado y sepulto en el centro la Tierra.

Elisabethtown ha sido escrita y dirigida por Cameron Crowe (Jerry Maguire, Vanlilla Sky,...), que tambien la produce junto a Tom Cruise y Paula Wagner. Ha sido su última criatura y en ella nos guía de la mano por una suerte de viaje iniciatico, algo errabundo y caótico (la trama a veces parece recrearse en pasajes intrascendentes y forzados), por el que Drew Baylor (Orlando Bloom) deberá transitar en la búsqueda de sus raíces familiares. El pretexto: el fallecimiento de su padre; La consecuencia: Claire (Kirsten Dunst); El destino: "Elisabethtown. El lugar donde todo empezó, el hogar al que acude el desamparado que ansía hacer tabula rasa y empezar de cero. Con esa tesitura llega Drew a la ciudad donde se crió su padre, huyendo de un fracaso laboral sin precendentes, hundido y terriblemente desorientado. En definitiva, botella irremediablemente medio vacía. Por el camino Claire, la azafata de una compañía aérea que cubre, entre otros, el desangelado vuelo que debe tomar Drew. Lo demás hay que verlo. A recordar: la interminable y reveladora llamada telefónica entre Claire y Drew. Su cita de madrugada, movil en mano, para ver juntos el amanecer. Un viaje guiado por un mapa maravilloso, el inolvidable panegírico de Susan Sarandon (la madre de Drew),...

Con todo, frases como :"Haz que se pregunten por qué sigues sonriendo, esa es la autentica grandeza" o "Aquellos que arriesgan ganan", y canciones como "It'll all work out" de Tom Petty, o "Come pick me up" de Ryan Adams (entre otras muchas, me encanta la banda sonora) hacen de esta, sino la mejor película de Crowe (que no lo es), si por lo menos una con el inconfundible marchamo de la casa, que ya es mucho.
Ahora que lo pienso hay algo de Carrie en esa Claire. La botella siempre medio llena; la vida por encima de todas las cosas, apesar de la vida misma; una ofrenda torrencial e inagotable de matices renovados, arrancados de la realidad tan solo para devolverlos notablemente mejorados; siempre una segunda o tercera lectura más audaz y certera si cabe; siempre las circunstancias sometidas al tamiz insaciable de sus ojos, que esperan. Sí, la verdad es que sus ojos siempre parecen esperarte, alentando al rezagado desde algún recodo del camino mientras estudian la hermosa disposición de las nubes o uno de tantos amaneceres; saboreando la creación bajo la sombra del árbol de la ciencia. Sus ojos, que parecen esperarte condescendientes, llenos de paz, conocedores de la medida exacta de todo cuanto habita en el corazón de los hombres, son como heraldos de un mensaje secreto que arde profundo, cifrado, sellado y sepulto en el centro la Tierra.
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