miércoles, diciembre 05, 2007

Vacíos


" Se dice que hay varias maneras de mentir, pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene."

Juan Carlos Onetti, el pozo, 1939.



Tan fácilmente me abismo en esa eternidad que media entre tus brazos y los míos... Y te sueño entera, esperando. Una sonrisa sobre una lágrima, un reproche postergado como la amenaza informe de un niño que se desdibuja en el aire... El vacío de mis hechos se colma de tantas verdades tuyas que olvido mi nombre. Sólo me apuro por llegar a tu orilla, y así respirarte, y perdurar sin más dudas ni quebrantos, lejos de mí: sólo tu pecho.

sábado, noviembre 17, 2007

tideland


“Las personas estúpidas no deben atreverse a ver la película", [Terry Gilliam]


"Mi mujer piensa que Tideland es escandalosa porque es inocente. Ese fue nuestro sentimiento al hacerlo; intentar permanecer inocentes, y lo interesante es que Jodelle [la actriz que interpreta a Jeliza-Rose] fuera la que siempre nos violentara yendo a lugares en los que nos sintiéramos incómodos." [Terry Gilliam]

"No creo que Jeliza-Rose obtenga lo que quiere; amaría a Dickens y al bebé, pero no va a obtener eso. Probablemente conseguirá algo que sea muy seguro, y la vida se volverá normal para ella, pero nunca tendrá nada tan intenso, tan maravilloso o tan mágico como este breve periodo, como estos días que experimenta." [Terry Gilliam]



Algunas críticas de mordacidad precipitada:

"Podría decirse que la imaginación de Terry Gilliam no conoce fronteras; sería bueno que encontrase alguna" (New York Times)

"Demasiado inquietante para un niño y demasiado rara para la mayor parte de los adultos" (Variety)

"Gilliam ha sufrido más de lo que le corresponde la mutilación de sus proyectos, pero con este ejercicio de autor kamikaze parece haber hecho exáctamente el desastre que quería" (Village Voice)

"No es un 'viaje a través de la oscuridad para apreciar la luz'. Es una pesadilla de principio a fin" (The Onion)

"Un descabellado desastre de una historia oscura de locura, adicción y abuso infantil hechos todavía más desagradables mediante la marca del intenso estilo visual de Gilliam" (The Hollywood Reporter)


"Sí, 'ser testigo de la película', esa es una forma mejor de describirlo. Estuve ahí, y tu también lo estarás. El mar es real, el submarino también. Lo se; estuve ahí" (crítica anónima)


J
odelle Ferland: “solo por ella, vale la pena ver la película”.

lunes, noviembre 12, 2007

Náufrago

domingo, octubre 28, 2007

Llegado el momento

Me llamaste esta mañana para darme a probar un poco de tu peor trago. No interrumpiste nada, descuida. Solo mi absurda espera asomado a ese pequeño cosmos de papel con que desgrano las mañanas de los domingos y que me ayuda a fingir que sigo siendo un tipo desusadamente normal. Al otro lado tu voz jugaba a esconderse entre los maizales de los difuntos. Sonaba menos a ti y más a ellos, pensé, y me costó aliento y medio dilucidar el peso exacto de irreverencia que añades siempre a todas tus bromas. Después, nada; una tarde de domingo inabarcable tratando de reproducir la fórmula exacta, la combinación de palabras que me ofreciste por la mañana para hacerme saber que el espacio inmenso que te ocupaba tu padre es ahora un vasto páramo que amenaza con alojarse a perpetuidad en la trastienda de todos tus pensamientos.
Quisiera arrogarme la soberbia del consuelo que nadie te puede ofrecer, pero sólo poseo silencio y un miedo enorme a esa distancia nueva que media ahora entre nosotros. El legado último que los muertos abandonan a este lado del rio; el envés sombrío de todas las cosas que ya no se te ocultan y para las que sólo tú tendrás ojos en los días que aguardan.

Volverás a reír. El bourbon sabrá esperar.

sábado, septiembre 22, 2007

Vas recorriendo a solas


"Vas recorriendo a solas
el jardín,
despacio y sin cuidados,
mientras el verso fluye
entre la niebla
y el asomo lejano
de la luz.
Todo lo que vas viendo
te sorprende.
¿qué puedes esperar mas,
que lo inesperado?
Que las hierbas que pisas
son carne de tu carne.
Que la luna saldrá
cuando tú se lo digas.
Que no hay diferencias entre el jardín y tú.
Caminas muy despacio,
para que todo pueda
sorprenderte.
Y te vas alejando,
tanto que, ya incapaz
el verso de seguirte,
se detiene."

José Corredor-Matheos

domingo, septiembre 16, 2007

jueves, septiembre 13, 2007

A tu espalda

Él espera verla de pie, en el vagón, cada vez que aparta la mirada del libro que tiene entre las manos. Son párrafos áridos e intransitables que le obligan a coger aire con frecuencia. En un alto cree reconocer el tibio desfiladero de su nuca entre los hombros de una muchacha que espera frente a las puertas a que llegue su estación. El aire es más caliente tamizado por esta fiebre, piensa, y vuelve a sumergirse en esa lectura que no comprende. Es inútil. Apenas media página y ya anda a vueltas con esa angustia que le empuja a levantarse y abrazarse a su espalda y a rogarle que no se gire, que no pronuncie una sola palabra:

¿Qué puede importarte?, tan sólo unos segundos de tu silencio cómplice. Tú no sabes. No puedes saberlo. Cómo podrías. ¿Te bastaría saber que el mundo entero son cenizas en contínua dispersión, minúsculas y etéreas dudas a merced de un temporal que no descansa ni de día ni de noche? ¿Bastaría semejante composición de lugar para que entendieras que sólo abrazado a tu espalda cesa esta fiebre y el suelo deja de temblar, que la bestia calla y cede al sueño en su lecho de hojas muertas, de sangre seca, de frío eterno de ventisquero? Tú no sabes todo esto. Tan sólo aguardas a que estas puertas se abran para seguir con tu vida. Ajena a mi abrazo invisible y al embrujo de esa nuca tuya tallada de un golpe seco y perfecto. No sabrás nada, nunca sabrás nada hasta que te acometan estas fiebres que te aferran a otros cuellos como a maderos que yerran en eterna deriva. Y así no podrás imaginarte siquiera que un abrazo es un círculo que vuelve a cerrarse, una puerta cerrada que pone a resguardo de la tempestad y veda el paso al frío y al gris.
No te giras. Sigue mirándome esa nuca tuya que me ofreces sin querer. La cabeza inclinada. Sumergida en ese mundo que con nadie compartes. Me apuro en guardar el libro y mis notas en la bolsa. Cojo mi cazadora y me levanto antes de que el vagón se detenga y las puertas se abran y tu te diluyas entre el gentío como si fueras de azúcar y el mundo entero una triste infusión. De pronto el tren se queda a oscuras y a nadie parece sorprenderle. Son unos instantes de incertidumbre en que toneladas de metal se arrastran por inercia sumidos en una extraña amalgama de lejanos plañidos metálicos. Estoy frente a tí. Frente al blanco inmaculado del sueño de tu cuello. Has alzado el rostro y la penumbra acude en mi ayuda evitándome el desamparo de saberte extraña. Tu perfil, así, se desdibuja en las sombras y yo sigo prendido de un engaño ténue y maravilloso que me sostiene en tímido suspenso sobre un abismo infinito para el que no tienes ojos.
Un breve parpadeo eléctrico amenaza con estropearlo todo. El rumor de las ropas contra los cuerpos. Los pasos que se precipitan en desacompasada procesión. El oxígeno que no llega y mis dedos aferrados a tu brazo antes siquiera de que entienda lo que sucede..., vas a girarte. Cierro el círculo. En mi bóveda hendida cesa el revuelo de cuervos y tu espalda, que por fin se deja querer, fluye como un viento afable sobre el mascarón de proa de un navío que nadie recuerda. La lluvia amaina arrastrando la fiebre por sumideros secretos que tu me enseñas por vez primera. El suelo ya no tiembla. Ahora tiemblo yo y tiemblas tú, y por alguna extraña razón que nunca entenderemos del todo, ninguno de los dos hace nada por evitarlo.

miércoles, septiembre 12, 2007

Sondre Lerche


No he estado nunca en Noruega. No he estado nunca en ningún sitio. Esto debería entristecer a quien hiciera de la frase un reproche, pero yo lo considero una simple constatación. He aprendido a aceptar esta deshubicación crónica con la misma serenidad que se arropa en la mirada de los enfermos que al fin transigen y resuelven dar su primer paso. No he estado nunca en Noruega, decía, y eso es lo primero que pensé al saber de la existencia de Sondre Lerche, que nació allí pero no parece ejercer de noruego al uso, ya que ni canta en noruego ni recita a Ibsen en su camerino, pero allí nadie le niega el saludo por eso, ni por supuesto le niegan nada. Dicen que combina o alterna con éxito pop, folk, indie, rock, jazz y sicodelia. Yo sería incapaz de definir cualquiera de estos géneros musicales pero a Sondre, con tan sólo veinticuatro años y cuatro álbumes a sus espaldas, ya le comparan con Elvis Costello y aseguran que es "el mejor cantante que ha dado escandinavia en muchos años". Leo sobre sus hazañas musicales junto a su banda: Faces Down Quartet. Escucho algunos de los temas de Duper sessions y lamento no tener un bourbon que meterme entre pecho y espalda, porque es la mejor ayahuasca casera que conozco para este tipo de viajes. Solo me queda cerrar los ojos para poder colarme en ese garito oscuro y cargado donde el contrabajo y la voz de Sondre hacen las veces de mantra, también casero. Hace unas horas también he leido algo relativo a las treinta y ocho películas que constituyen la retrospectiva Fiebre helada-el nuevo cine nórdico, que este año podrá verse en el festival de san Sebastián. Allí tampoco voy a ir, es lo primero que me ha venido a la cabeza. Ha sido justo después de terminar un relato de Vila-matas, Así son los autistas, donde un funcionario de correos al que diagnostican un autismo tardió durante su periodo de convalecencia, decide viajar por primera vez, a Estocolmo, precisamente para superar el síndrome de Estocolmo que le supone esa dependencia enfermiza que profesa por la doctora Cadet y de paso superar sus graves limitaciones relacionales. Creo que Vila-matas ha conseguido remover demasiadas cosas en mi cabeza y no consigo ver el sentido de tanta exaltación Kafkiana. Escucho Track you down y me imagino al volante de la camioneta de Broke Back mountain, la camioneta GMC Half-Ton de 1950 que condujera en el film Jake Gillenhaal, pero con el tal Sondre de copiloto. Conduciendo por un paraje nevado, a traves de un camino donde la nieve y las rodaduras de los coches se combinan de la peor manera posible. Sondre canta y toca la guitarra con los pies apoyados en el salpicadero. Anímate, parece decirme, estamos en Noruega, conozco Noruega, nací en Noruega. Vila-matas permanece recostado entre las mantas y los aparejos de pesca en la parte trasera. Sigue con el ceño fruncido y la mirada severamente perdida y sujeta a cada detalle de las montañas que vamos dejando atrás. Ha jurado no dirigirnos la palabra y se niega a pescar salmones ni en el rio Argard ni en ningún otro sitio. Insiste en volver a San Sebastian a ver esa nórdica retrospectiva o algo de Godard que tanto le fascina, y asegura que se encerrará en su habitación del hotel Sjoasen hasta que se nos pase esta fiebre absurda por explorar los abismos.

domingo, septiembre 09, 2007

Die hard 4.0

Nada de Wim Wenders o Truffaut en cartelera. Increible. Tuve que decantarme por el viejo John... McClane. Explosiones, una mano de hostias cada cinco minutos, frases cantadas que pretenden ser ocurrentes y niños con cubos de palomitas en todas las butacas, ..., en fin, Live free or die hard.





Por cierto, aquí le llaman la jungla 4.0 pero juro que no se ve un arbol en toda la peli.

miércoles, septiembre 05, 2007

Exploradores del abismo

El último libro de Enrique Vila-Matas ha resultado ser una vuelta al relato y un alejamiento deliberado de la intensidad metaliteraria a que el autor nos tenía acostumbrados. Tras Doctor Pasavento Vila-Matas alcanzó el final de un camino, llegado al cual, tan sólo cabía asomarse a ese pozo sin fondo al que se veía irremisiblemente abocado. Según nos indica él mismo, Exploradores del abismo es una metáfora sobre la condición humana, historias corrientes sobre hombres corrientes que abocados al borde del abismo deciden explorar abiertamente sus límites. Hay cuentos convencionales, otros de ciencia-ficción, fragmentos que ocupan una sola página, así como dos novelas cortas -"Niño" y "Porque ella me lo pidió"-, que, en opinión de su autor, podrían publicarse separadas de este contexto. Todos ellos, además esconden el rastro de un denominador común, un elemento cohesionador que pretende dotar de cierta unidad al conjunto a través de ciertas pistas que el autor oculta y nos invita a descubrir. Es lo último de Vila- Matas. Es razón más que suficiente para aceptar el ofrecimiento.

lunes, septiembre 03, 2007

Sordo

Hay días que uno se siente ridículo, inmensamente ridículo. Estás cansado. Te odias por ser todas esas cosas que no estaban previstas, cuando el mundo era un desplegable inmenso y podías situar la "x" donde quisieras. Tiran de ti en todas direcciones. Te dicen lo que debes hacer. Te dicen incluso lo que eres. Y tu les escuchas atentamente. Les escuchas con toda tu buena voluntad hasta que te das cuenta de que ya no eres capaz de escuchar más. No eres capaz de escuchar nada por encima de ese ruido ensordecedor que te sale del pecho.

domingo, agosto 26, 2007

El pecado de ser yo

"Como cualquier otro hombre , no soy culpable del crimen del que me acusan, sino del crimen que mi propio corazón estaba condenado a cometer... ...Si soy un monstruo, soy un monstruo dormido. Un monstruo que tal vez ya nunca despierte. Y he aquí el único consuelo, pensó trífero. Quien cometió el crimen dormido y dormido recibió el castigo, tal vez pueda seguir durmiendo durante los años que dure la condena. Y al final, cuando llegue el día, al contrario que el resto de los hombres, no tendrá más que pasar plácidamente de este sueño al otro."

Ray Loriga - Trífero -


Paseando por el boulevard de sombras donde nos despedimos me distraigo leyendo el cielo como quien lee la prensa diaria o las manos de los niños que no acaban de crecer. Por unas monedas accedo a hablarles de tí a los turistas, sentado en el bordillo de las aceras, justo donde tú ejercitabas equilibrios de niña díscola y desgranabas malabares arriesgados con mi corazón. Me sonríen y me hacen fotos y yo comprendo, casi agradezco, que no me entiendan y que al cabo de unos minutos me sustituyan por el pórtico de alguna catedral.
Hoy el cielo, como ayer, permanece sumido en una gris y enigmática cerrazón. Sin novedad, pués, en el horizonte, me digo mientras enciendo uno de esos cigarrillos que tu fumabas entonces sorteando mis reproches, infantiles como balas de algodón.
En la vieja estación ya nadie sube a nuestros trenes y algunas tardes me entretengo recogiendo los pasos que los viajeros abandonan en sus correrías por los andenes, y juego a confeccionar collares de lágrimas que nadie me compra y corro delante de nuestro jefe de estación después de recordarle a voz en grito que besarse no es dar ningún espectáculo. Y pierdo el aliento y un poco la compostura y la memoria casi toda. Sigue en mi boca, eso sí no ha cambiado, el sabor metálico de la sangre que los médicos no ven. Mis besos tampoco delatan esa herida que no encuentro y que no cierra. Y mis manos, encerradas a cal y canto en mis bolsillos tristes, siguen sin encontrar aliciente en los ejercicios mundanos que tan a poco les saben desde que aprendieron a leerte la piel con el oficio de los viejos marinos. Y hoy no sé si es jueves o es martes. Y sí, recuerdo tu nombre. Y no, no me arrepiento de nada.

sábado, agosto 25, 2007

Noches aún más extrañas


Vuelvo a despertarme en mitad de la noche. Resucito esta vez, mas allá de las cuatro. Sacudo la cabeza sin sacudirla; una suerte de terapia casera e inutil que pretende desmontar las piezas del puzzle antes de que se unan para formar paisajes del norte de Europa que no quiero recordar; he visto muchas fotos de allí arriba, pero en mis horas de sombra, cuando me adentro en mi universo de sombra, solo consigo ver dos. Esas dos fotos en las que salís tan guapos y tan viajados y que en realidad son cuatro: las dos del antes de saber lo que pasó y las dos de después. Y, ¿sabes? es cierto eso de que una misma imagen se vuelve completamente diferente cuando la miras con ojos diferentes, como esos cuadros tan ingeniosos y surrealistas en que basta un cambio de perspectiva para descubrir unos labios donde antes solo había un sofá, o al revés. Sea como fuere, ahora solo consigo ver el sofá y, a lo sumo, a mí sentado en él, algo más viejo, algo más cansado, y algo más solo, internándome unas cuantas yardas en la espesura de mi bosque de sombras. Aqui todo es bosque bajo y denso y las ideas, como los recuerdos, se me pierden prendidas entre las ramas, de modo que para cuando consigo encontrar el camino de vuelta me doy cuenta de que estaba perdido y no sabía por dónde empezar a buscarlo; de que ha sido un hallazgo fortuito quizá fruto de alguna intuición animal, algo no deliberado, y que, después de todo, podría explicar mi suerte. Así las cosas, aún confundido y desorientado, he dado con la senda que lleva a mi rincón. La maleza había desdibujado los márgenes del camino y ahora todo es más oscuro porque algunos árboles que no recordaba han crecido demasiado y escamotean entre su fronda la luz del sol, pero reconozco el lugar en cuanto empiezo a formar parte de él, nuevamente. Aquí nada ni nadie puede hacerme daño, replegado entre la hojarasca desatada por mil tormentas. Aqui no hay voces que hagan abrir los ojos a los muertos, ni ojos que atiplen las voces de los vivos, ni, por supuesto, caricias de manos hábiles que deshagan todos los nudos. Aqui solo yacen infinitas capas de silencio con las que voy cubriéndome lentamente mientras le canto una nana al niño que ya no se esconde, aqui no.

Pero todo esto tan solo acontece en mis horas de sombra, cuando me adentro en mi universo de sombra, me digo. Hay días en que mis pasos se abren a los claros más tímidos del bosque, me digo también. Pero en todos ellos, ya ves, me sigues faltando tú.

viernes, agosto 24, 2007

noches extrañas

Son las dos de la mañana. Algo más tarde en realidad. No consigo conciliar el sueño; no consigo conciliar nada últimamente. Esta noche no debería ser diferente de otras noches, pero esta noche no se parece a ninguna otra. En la radio no dicen nada que no vuelvan a repetir mañana y que no hayan repetido ya hasta la saciedad, una y otra vez, como si a el desvelo de mi condena ahora se sumase la pena de revivirlo todo, de recordarlo todo, ¡yo!, que nunca recordé nada de cuanto quise recordar. Hay un frío extraño en la habitación desde que mi gato murió, desde que no espera, hecho un ovillo sobre su baúl, esas extrañas visitas mías de fantasma desorientado que se abisma frente al monitor durante horas, todas las noches, suplantando el calor de un amigo que sencillamente no está. Yo creo que se hartó de tanta soledad, de mis caricias tan poco pródigas, de mis intempestivas visitas al ordenador que preside y reina este cuarto y con el que , por fin lo había comprendido, nunca pudo competir. Se fue con el mismo sigilo que gobernaron sus días de convidado de piedra. Y me dejó aqui, y ahora, quizá para recordarme que todos se van, incluso los que se quedan.

jueves, agosto 16, 2007

Efecto Zeigarnik

" El médico dice que el efecto Zeigarnik se centra en las motivaciones de terminación. El médico dice que la evocación de las tareas interrumpidas es sin ninguna duda mejor que la de las tareas terminadas.
El médico dice que las tensiones residuales favorecen la retención.
El médico no lo sabe, pero ahora parece seguro que es por culpa del efecto Zeigarnik por lo que, a pesar de todo, aún recuerdo tu nombre."


Ray Loriga - "Tokio ya no nos quiere"

miércoles, agosto 08, 2007

"Almost blue"

La puerta se deshizo en quejumbrosas e imaginarias genuflexiones a su llegada, cuando le franqueó el paso tras girar sobre sus goznes. El tintineo alegre de las llaves sobre el cenicero que reposaba en la mesita del vestíbulo también parecía responder a una coreografía repetida miles de veces, una suerte de preludio exclusivamente consagrado al descanso del guerrero. Dejó las maletas en el suelo y la bolsa de mano sobre el sofá del salón. Nadie estaba en casa; el silencio no podía ser menos elocuente. Decidió que aquel era un momento perfecto para alegrar el cuerpo. Solo una, nada más. Sin encender las luces se dirigió a la cocina. Hielo y un poco de bourbon de su destilería escocesa preferida. Aflojó el nudo de su corbata de nubes: una excentricidad sin más explicación que el amor de una cria de doce años que ahorró lo suficiente para su cumpleaños. Se deshizo de su americana lanzándola sobre el respaldo del mismo sillón y salió a la terraza con el vaso de trago largo en la mano izquierda y un cigarrillo de los que todavía permanecían en su escondrijo de la despensa en la derecha. Julia debía tener guardia aquella noche y seguramente le habría dejado alguna de sus famosas notas de colores en alguna parte, luego la buscaría. Los crios con los suegros con toda seguridad. Sopesó la posibilidad de llamarlos para darles las buenas noches justo antes de que su Omega Seamaster Professional 300 M le disuadiera de lo intempestivo de semejante decisión. Ahora, contra todo pronóstico, la noche entera para él, acodado en el antepecho de la terraza. Ecos extraños de su ciudad entreverados por los de otras ciudades aún más extraños que todavía reverberaban en su cabeza. Enciende el cigarrillo con una de las cerillas del Continental que todavía andan por sus bolsillos y se sienta en el suelo dando la espalda a los balaustres, inhalando la primera bocanada de humo desde que llegó a Madrid. Suena Chet Baker en el piso de al lado, concretamente "It's always you". Parece que los vecinos están celebrando una de esas fiestas deliberadamente poco pretenciosas que siempre le han parecido ridículas, precisamente porque acaban resultando demasiado pretenciosas. Algo así como las bodas que se preveen y anuncian íntimas y acaban congregando a cientos de invitados. Las bodas, su boda...Ya no recordaba nada de cuanto Julia creía compartir en ese imaginario íntimo que las parejas cultivan durante su existencia. A veces una pregunta comprometida había estado a punto de poner al descubierto esa carencia imperdonable y solo una rápida ocurrencia o una socorrida galantería (que por trasnochada ya resultaba cómica también) habían evitado un desastre mayor.
Se oyen voces de gente conversando. El ruido que los grupos humanos generan a su alrededor a veces puede llegar a ser verdaderamente insufrible. Eso mismo debe pensar la chica que ahora ha salido a la terraza. Parece joven, la oscuridad no permite aventurar si demasiado. Cierra la puerta corredera tras de sí y el ruido vuelve a difuminarse como el rumor de un río que perdura tenuemente mientras se aleja. La muchacha parece aguardar en la penumbra el veredicto de un juicio sumario. La brasa de su cigarrillo ilumina un instante su rostro que se revela cansado y grave. Avanza hasta acodarse en el antepecho de la azotea y exhala un par de bocanadas de humo justo antes de deshecerse en un mar de sollozos que apenas puede sofocar tapándose la boca con el dorso de la mano. Se oyen risas y aplausos y de nuevo una risa de mujer que, desacompasada y estentórea, se impone al resto del grupo. El bueno de Chet Ha pasado de "My funny Valentine" a "Almost blue" y algo parece retorcerse dentro de la joven de la terraza, inclinada y convulsa. Alguien, una sombra de hechuras masculinas, se asoma a la terraza y la reclama en un aparte cariñoso y complice. El hombre, que le recuerda a su vecino, se acerca susurrante a la muchacha, esgrimiendo un tono de voz conciliador que apenas se muestra recriminatorio en un par de tímidas ocasiones. La muchacha vuelve el rostro cuando las manos del hombre lo buscan y esa caricia se pierde en el aire frio de la noche como todas las promesas acaban perdiendo las esperanzas que las alientan. La muchacha se limpia la cara con un kleenex que aparece como por ensalmo y vuelve a entrar en el piso de forma apresurada. El hombre mira al cielo y hunde los hombros; se gira y descubre a su vecino sentado ahí al lado, en silencio, presenciando esa escena absurda entre sombras que apenas permiten adivinar la conjura de cábalas que andarán a tientas por su cabeza. Aparta la mirada que se intuye vehemente y decide aguardar unos segundos antes de recomponer el porte (de anfitrión al menos) y sumarse a la fiesta.
El hielo parece quebrarse en un llanto interminable mientras se deshace ahora, en este silencio casi perfecto, inaudible, a buen seguro, para todo bebedor impaciente. Será mejor entrar y prepararse otra copa, resuelve, mientras comprueba lo mal que combinan la edad de sus articulaciones y determinadas posturas, y lo bien que combina con todo la trompeta del viejo Chet.





Almost blue

Almost doing things we used to do

There's a girl here and she's almost you

Almost

All the things that your eyes once promised

I see in hers too

Now your eyes are red from crying


Almost blue

Flirting with this disaster became me

It named me as the fool who only aimed to be


Almost blue

It's almost touching it will almost do

There's a part of me that's always true... always

Not all good things come to an end now, it is only a chosen few

I have seen such an unhappy couple


Almost me

Almost you

Almost blue

miércoles, agosto 01, 2007

lluvia



Frente a tu puerta el tiempo pasa sin censuras. Pienso en esta frase ahora, frente a tu puerta, sin censuras, sin estar muy seguro del sentido que semejante revelación me depara. Estoy bien. Hay un gato empapado en tu puerta; parece asustado. Siento que esta es la última parada. Mi tristeza ya no encuentra divertimento entre los muros desangelados que ocultaron nuestras risas, se acabó el peregrinaje por todos nuestros rincones mendigando esa dicha incontenible que nos transfiguraba entonces. Hace frío. Yo no lo siento; no siento nada. Pero sé que hace frío. La gente corre a guarecerse bajo los soportales embozados en su ropa de abrigo, se apuran por entrar en los bares sin reparar en la tétrica luz que los uniforma a todos. Bajo esta lluvia endemoniada hay una luz de artificio que no sé bien de dónde habrá salido pero que me acompaña, creo, siempre que pienso en ti. Por eso estoy aqui, en parte. Seguro que tu la hubieras relacionado con algún cuadro de Patinir o de algún prerrafaelita. Adorabas a los prerrafaelitas, sobretodo a Rossetti. Yo nunca supe ni quise saber nada de ese Rossetti. Intuía en el fondo que nombres como ese serían los que te llevarían lejos, muy lejos de aquí. De tu ventana hace tiempo que no escapa ninguna luz, ningún ruido, nada de música ni siquiera tu voz canturreando estribillos absurdos e inventados. A lo sumo la voz de tu madre cuando le habla al canario. Eso me ha hecho gracia. Estoy empapado. He decidido esperar bajo tu ventana, todos los días, a diferentes horas, en parte por si apareces y en parte porque, a base de recorrer nuestro itinerario íntimo, he acabado por aceptar que no tengo a donde ir. Los chicos siguen con sus partidas de dardos cuando salimos del taller. Henry va a tener un crio con Dora. Dora todavía me pregunta por tí. Hace tres días que no deja de llover. Me pregunto si ese gato llevará ahí tres días esperando; esperándote. Tu madre todavía te hace en Seattle (que dicho sea de paso es conocida como la rainy city, la ciudad de la lluvia, aunque allí, en realidad, no llueva tanto como en otras ciudades americanas) de allí aseguran que nunca volviste, quienes mas te quieren y tienen la esperanza de verte pronto, como Dora, y me cuentan que allí permaneces gozando de esa oportunidad que tu ciudad no te brindó. Luego están esos otros que como yo, reacio a los finales felices, te creen sencillamente muerta. Observo tu puerta; madera humedecida y filigrana de hierro forjado con forma de rosas. No me parece la puerta de una muerta; Hoy estoy aqui porque necesito pensar que no lo estás, que nunca has estado muerta, quizás sigues presa de alguna mala racha que te retiene donde quiera que estés, persiguiendo alguno de los sueños que apenas consentías en compartir conmigo cuando bajabas la guardia. Como en nuestras noches de azotea y cerveza helada, ¿recuerdas?, jugaba con tu pelo y hacía esfuerzos por seguirte mientras tú divagabas con los ojos llenos de imágenes que yo nunca vería. Algunas personas sencillamente no tenemos sueños que perseguir. Me encontré con tu madre en la esquina de la 73 con Columbus. La semana pasada. Salía de Mama Joyce's del brazo de un hombretón que no era tu padre, porque a tu padre (le recuerdo bien a pesar de que las únicas veces que lo había visto fue tumbado en el sofá del salón, bebiendo cerveza y gesticulando frente al televisor) desde el escorzo retrospectivo en que le contemplo, bien es cierto, resultaba un cuerpo contrahecho y con sobrepeso que posiblemente no le hacía justicia, pero que en nada se parecía al que viera entonces con tu madre: tan ufano y cariñoso como bien parecido, atento y con la torpeza mal disimulada de los cuerpos robustos que se resisten a envejecer. Tu madre nunca me quiso bien pero yo sigo velando por ella, porque sé que tu así lo querrías si pudieses llamarme y reunieses el valor para pedirme un último favor. Me gustó ese tipo, y a tu madre se la veía feliz de su brazo. A veces la llamo para preguntarle cómo está de lo suyo, pero últimamente se niega a hablar conmigo. ¿Otra vez tú?, me dice, déjanos en paz, ya has hecho bastante daño en esta casa. Sigue culpándome de tu desaparición, imagino. Como Norman, que va va a vender el local y los chicos andan como locos porque es toda una institución. También él me negó la entrada durante todo un año hasta que los chicos le convencieron para que dejara de hacerlo. No importa; odio los dardos. Hay quien confunde los papeles de la víctima y el verdugo, como quien confunde los colores. De todos modos nunca me importó demasiado el papel que me tocó asumir en esta película nuestra. En el fondo mi culpa es un armario enorme donde cabe la culpa de todos los demás. El gato permanece a resguardo en el portal, mirándome como si aguardara mi entrada. Los charcos le asedian por todos los flancos. Seguramente se pregunta si no habría entrado ya de no ser esta una lluvia mucho menos pertinaz y ligera que la que baña a diario las calles de Seattle. ¿Estará lloviendo en Seattle? Aqui siempre llueve, llueve todos los días desde que te fuiste.

sábado, julio 14, 2007

Cuando las estrellas se apagan

Sucedió una noche, en Dublín. Hacía calor. Tú parecías cansada pero esto tal vez solo sea una falsa impresión: Perlada de sudor estabas preciosa. Cogi tu mano y me miraste, no como se miran los extraños; sonreíste como se sonríe a quien se espera y llega tarde, no demasiado. Deja que te cuente...


Acudí al concierto, tal y como acordamos. Una rosa amarilla en la mano, ¿Recuerdas? Decidimos que el azar nos guiase entre la multitud. Si de verdad ibamos a amarnos por qué no mezclar al destino en todo esto. Era solo un juego. Yo sabía que irías con unos amigos y bromeamos con encontrarnos..."Si de verdad eres para mí"...yo te hablé de mi perro, de mis paseos por el parque y mi falsa ceguera...risas...¡Dios, que guapa estás cuando te ries así!...Hacía mucho calor. La música reverberaba en mi pecho, vacío desde el martes. Nadie entendía lo de la rosa; bailaba con ella en la mano, alzándola por si estabas cerca y podías verla. La gente me sonreía. Hubo alguna chica en el camino pero no eras tú. Andrea seguía en el escenario junto a sus hermanos. Breathless estaba sonando en el estadio:" So go on, go on, come on leave me breathless ( Por eso sigue así, sigue asi, venga, déjame sin respiración)". La cadencia de su voz era una caricia que yo soñaba en tus manos. Bailé con mucha gente aquella noche y, aunque me avergüence reconocerlo, incluso un chico me preguntó por tu rosa. Parecía desilusionado cuando le dije que no podía dársela. "Lo siento-grité-, mi corazón por una rosa". "¿Qué?, ¡No entiendo!"-exclamó mirándome como si estuviera loco-, ¡Que tiene mi corazón, se lo ha quedado, es mio y lo tiene ella, desde el martes! Alzó la mano como disculpándose, siguió contoneándo su cuerpo desgarbado mientras preguntaba: ¿quién es la chica con suerte? puse mi mano en su hombro y grité junto a su oído: "Es ella". Lo dejé allí, sonriéndo y levantando el pulgar, te entiendo , parecía decirme con todo su cuerpo, ve a por ella, qué le vamos a hacer...

"...And if there's no tomorrow, and all we have is here and now.
I'm happy just to have you, you're all the love I need somehow.
It's like a dream, although I'm not asleep..."

..."Y no existe el mañana, y todo lo que tenemos es el aquí y el ahora.
Estoy feliz de tenerte, tú eres todo el amor que necesito de algún modo.
Es cómo un sueño, aunque no estoy dormida"...

Seguí buscándote. Estaba cansado. Pensé que volvería solo al hotel, con este hueco en mi pecho y la certidumbre de haberte perdido antes de haberte encontrado. De pronto Andrea se volvió hacía el grupo mientras se recogía el pelo y les hacía un par de indicaciones. Algo se cocía entre bastidores. Cogió el micrófono y susurró: "When the stars go blue"..., y soñé que me abrazabas y que nunca jamás volvería a estar solo...




La rosa acabo sobre el escenario, donde alguien pensaría que era perfecto en manos de Bono, que a su vez debió pensar que daría un toque romantico a su entrada si se la ofrecía a Andrea. Fuese como fuese acabó siendo una noche perfecta. La noche que te encontré, la noche que se apagaron las estrellas, cuando me miraste y supe que te había encontrado. Parecías cansada, pero se te veía tan feliz que hubiese deseado haber estado realmente allí. Cogiendo tu mano, abrazándote y susurrándote al oído lo mucho que te quiero, revelándote dónde voy cuando estoy solo, cuando estoy triste. Cuando las estrellas se apagan y yo empiezo a comprender que jamás he estado en Dublín y que probablemente jamás lo estaré.

WHEN THE STARS GO BLUE

Dancin' where the stars go blue
Dancin' where the evening fell
Dancin' in your wooden shoes
In a wedding gown

Dancin' out on 7th street
Dancin' through the underground
Dancin' little marionette
Are you happy now?

Where do you go when you're lonely
Where do you go when you're blue
Where do you go when you're lonely
I'll follow you
When the stars go blue, blue
When the stars go blue, blue
When the stars go blue, blue
When the stars go blue

Laughing with your pretty mouth
Laughing with your broken eyes
Laughing with your lover's tongue
In a lullaby

Where do you go when you're lonely
Where do you go when you're blue
Where do you go when you're lonely
I'll follow you
When the stars go blue, blue
When the stars go blue, blue
When the stars, when the stars go blue, blue
When the stars go blue
When the stars go blue, blue, blue
Stars go blue
When the stars go blue

Where do you go when you're lonely
Where do you go when you're blue, yeah
Where do you go when you're lonely
I'll follow you, I'll follow you, I'll follow you
I'll follow you, I'll follow you, yeah
Where do you go, yeah
Where do you go, Where do you go
------------------------------------------------

CUANDO LAS ESTRELLAS SE APAGAN

Bailando donde la estrellas se apagan
Bailando donde cae la tarde
Bailando en tus zapatos de madera
En un vestido de novia

Bailando en 7th street
Bailando en el metro
Bailando como una pequeña marioneta
¿Eres feliz ahora?

Donde vas cuando estas solo
Donde vas cuando estas triste
Donde vas cuando estas solo
Te seguiré
Cuando las estrellas se apagan, apagan
Cuando las estrellas se apagan, apagan
Cuando las estrellas se apagan, apagan
Cuando las estrellas se apagan
..........
Riendo con tu boca bonita
Riendo con tus ojos rotos
Riendo con la lengua de amante
En un arrullo

Donde vas cuando estas solo
Donde vas cuando estas triste
Donde vas cuando estas solo
Te seguiré
Cuando las estrellas se apagan, apagan
Cuando las estrellas, cuando las estrellas se apagan, apagan
Cuando las estrellas se apagan
Cuando las estrellas se apagan, apagan, apagan
Las estrellas se apagan
Cuando las estrellas se apagan

Donde vas cuando estas solo
Donde vas cuando estas triste
Donde vas cuando estas solo
Te seguiré, yo te seguiré, yo te seguiré
Te seguiré, yo Te seguiré, sí
Donde vas, sí
Donde vas, donde vas.

viernes, julio 06, 2007

Salsa tártara

Vale, vale, quizás es un poco exagerado, cómico, trágico al final, pero que levante la mano quien no haya sufrido alguna vez un despiste similar:

La escena pertenece a la película "El hombre del tiempo" (The weatherman) y juro que esta no era la principal motivación para escribir este post. En mi defensa aporto como prueba este fragmento del diálogo (monólogo podría decirse porque el interlocutor-Cage-se limita a observar boquiabierto con esa expresión boba tan suya) que Michael Caine mantiene con Nicholas Cage (padre e hijo respectivamente en el film) y que sí fue la piedra angular de lo que ahora leéis:

- "Para conseguir cualquier cosa tienes que renunciar a algo.¿Sabes que lo más difícil y lo correcto suelen ser la misma cosa?
Nada que signifique algo es fácil; lo fácil no tiene cabida en la vida del adulto."

Y claro, me ha entrado un mal rollo...porque esto a lo mejor no os impresiona dicho así pero tendríais que oírlo con la voz de Michael Caine, tendríais que sentirlo cuando Michael Caine te mira con ojos de Michael Caine y te suelta todo ese rollo de lo difícil y lo correcto. Total, que me he dicho: mejor les pones lo de la salsa tártara.

Ah, la peli bien.

martes, julio 03, 2007

¡Oh, Scarlett!

Sí. Ayer estuvo paseando por el centro de Barcelona. A escasos metros de donde trabajo y a escasísimos metros de aquellos lugares que frecuento cuando no trabajo y debiera hacerlo. Vestida como visten las estrellas que cuelgan el glamour y la fama en el armario de la suite presidencial donde se alojan, con aire distraido y mohín de turista adocenada que reparte con equitativa mesura sus visitas a las grandes firmas comerciales o al monumento local de rigor. Scarlett Johansson: veintitrés añitos, nacida un 22 de noviembre (escorpio: ¡qué fijación la mía!) de 1984 en New York, hija de padre holandés y madre polaca, un soberbio metro sesenta y tres centimetros, aclamado como el de la mujer viva más sexy del año 2006 (según la revista Esquire y la legión de babosos que firman donde haga falta) al que Woody Allen ha decidido recurrir nuevamente para encarnar la musa de la película que se dispone a rodar aqui, en nuestra querida ciudad, junto a Pe (Scarlett, ¡esconde al novio!) y Javier Bardem.
Me pillaste de vacaciones, Scarlett, como no podía ser de otra manera (apuestas al rojo y sale negro...). Abro el periodico y ahí estás tú, pisando los adoquines que yo tantas veces he pisado, colapsando más si cabe esas calles infestadas de turistas entre los que pretendes camuflarte con una suerte que intuyo inútil, rezando para que esas gafas de sol eviten que seas reconocida y consecuentemente importunada. Apareces en la foto con un candoroso vestidito veraniego de motivos florales, el cabello recogido, los dedos de la mano izquierda jugueteando lánguidamente con un colgante, un amuleto, tal vez, esbozando un gesto de frágil introspección, de arrobamiento doméstico que destila medrosía y misericordia en proporciones que solo puede ponderar alguna mente privilegiada, posiblemente la de Woody Allen, siempre cobijada bajo su sombrero de tweed. Querido Woody, estoy de acuerdo contigo: también"el cerebro es mi segundo órgano favorito."

lunes, julio 02, 2007

Ernest


Tal día como hoy, un 2 de julio de 1961, París dejó de ser una fiesta. Esa madrugada, hace 46 años, Hemingway decidió poner punto y final al último capítulo de su vida mediante una escopeta de doble cañón con la que había practicado durante años el tiro al pichón, y que aquella noche, encerrado en la cantina donde su mujer la guardaba bajo llave junto al resto de fusiles de la casa, fue usada por última vez para redecorar el techo con los fragmentos craneales y de masa encefálica de "Mr.Papá". Lo siento Ernest, no pretendía resultar sarcástico el día del cuadragésimo sexto aniversario de tu fallecimiento. Todo hombre tiene derecho a elegir su día y su hora. Te fuiste, supongo, porque no te podías sufrir como sombra del hombre que fuiste. Porque lastraba esta maldición tu sangre y la de los tuyos; los que fueron y los que habían de ser: Se suicidó tu padre, se suicidó tu hermana Úrsula, tu hermano Leicester, tu hijo gregory y, años mas tarde, tu nieta Margaux. Sesenta y dos años, además, resultaron ser suficientes para una biografía inusitadamente intrépida como la tuya.
En cierta ocasión Hemingway comentaría a Mary Welsh, su última esposa:“Si no puedo existir a mi manera, entonces, la existencia es imposible.” Y a los diecinueve años dejó escritas estas líneas que habían de resultar proféticas: "morir es una cosa muy simple. He visto la muerte y sé lo que me digo. Si hubiese tenido que morir habría sido muy facil. Lo más fácil que hubiese hecho nunca...Es mucho mejor morir en el periodo feliz de la juventud aún no decepcionada, irse en un destello de luz, que tener el cuerpo consumido y viejo y las ilusiones perdidas."Palabras que no hubieran tenido lugar si un año antes, la madrugada del 8 de julio de 1918, en Italia, cerca de Fossalta y tras seis intensos días en los que el escritor frecuentó las trincheras decidido a mantener contacto directo con los combatientes, no hubiese resultado herido de gravedad por fragmentos de mortero y el fuego enemigo de una ametralladora que le destrozó la rodilla derecha. Aquella noche, durante dos horas, hemingway permaneció a resguardo en un establo sin techo, esperando una ayuda que no llegaba, con doscientas veintisiete esquirlas de metal en las piernas, pensando seriamente, por primera vez en su vida, en utilizar su pistola reglamentaria para acabar con su vida. Fue su primer flirteo con la idea del suicidio. Acontecieron en los años que estaban por llegar, el resto de las vicisitudes que habían de componer la leyenda que todos, en mayor o menor medida, hemos conocido. Esta noche, sin embargo, solo cabe imaginar los minutos que precedieron a la detonación, su insondable y terrible calado. Los pensamientos que ni siquiera pueden intuirse, la infausta tesitura que no se diluye en ginebra ni en whisky, ni se deja llevar por las horas que encierra la noche que nos reclama.

viernes, junio 08, 2007

Do you know

Esta pijada no viene a cuento de nada. A veces sucede. Oyes algo que simplemente entra y ya no sale. Puede ser algún número uno de la radio o la melodía machacona que un compañero sin alma ni vergüenza tararea a tu alrededor hasta que ya es demasiado tarde. Hasta que eres inoculado con el virus de la tontería y ya solo te queda rezar para que los efectos más visibles no revistan las ridículas hechuras de la canción del verano. Simplemente entra y ya no sale, y maldices toda la mañana con esto metido en tu cabeza y el corazón lleno de abriles impúdicos que no te deparan nada bueno. Juras y perjuras que odias bailar, y que cuando cantas debe ser bajo los efectos del bourbon de garrafon, en plena fase REM. Y sin embargo no consigues evitar que los pies esten de finde, al ritmo de ese chin pun desquiciado del que no logras desprenderte y que, en alguna que otra ocasión, te arranca incluso por bulerías. Sueltas algún palabro en inglés de Carrefour con cara de Camarón reconcentrao, mu sentió y puesto, como si al hacer un alto en tus quehaceres diarios recitaras, en plan kazán, unas líneas de la Tora frente al muro de las lamentaciones. Con todo, te resistes. Llegas incluso a pensar que lo tienes todo bajo control y que en cuestión de minutos algo de mayor enjundia volverá a gobernar tus pensamientos. Decides coger el ascensor para no cruzarte con tus jefes en pleno apretón Saturdayfevernight. Esperas. Apretas el botoncito de llamada que nunca se enciende. Enrique ya está aqui de nuevo. Con su vocecita lánguida postcoital, preguntándote si Do you know mientras notas que tus hombros empiezan a sufrir leves espasmos extrañamente coordinados con tus caderas. Te giras buscando esos testigos que no deseas porque empiezas a sospechar que si en el pasado has hablado sólo muy bien podrías cantar sólo también, y temes acrecentar esa leyenda de rarito que te persigue en el curro. Do You know, do you know, do you know. Joder. Vuelves a darle al botoncito. Ahora ya te empiezan a mosquear algunas risitas a las que correspondes educado mientras desvias la mirada y te zambulles cabizbajo en el ascensor, que por fin ha llegado. Ya dentro Enrique te pregunta piso con una mano sobre el panel de botoncitos y la otra sujetando micro (las mangas siempre largas: este chico parece que escamotea algún muñón). Trato de escaparme para alertar al personal gay y a sí de paso darle esquinazo pero Enrique me sujeta los jeans (como el dice con caidita de ojos incluida) y me arrastra con fuerza mientras aporrea todos los botones habidos y por haber. Bajamos y él insiste: Do you know what it feels like loving someone that is in a rush to throw you away, do you know, do you know, do you know. Le aseguro que por no saber ya no sé ni cómo me llamo y le ruego, antes de exigirle, nucho antes de gritarle y acabar mentándole a los muertos (y que conste que su abuelo me ha hecho reír mucho, muchisíiiiiiiiiiiisimo), que me deje en paz, que le cante a su padre, que falta le hace. Así las cosas y ante su falta de entusiasmo para con mis estériles súplicas, decido cerrar los ojos ya que no puedo las orejas; de perdidos al río, me digo, y al cerrarlos despierto en el set de rodaje de su último videoclip, con la música a toda hostia y cientos de tias en biquini sacudiendo almohadones y poniéndolo todo perdido de plumas: plumas en la piscina, plumas sobre el cesped y las toallas, plumas en los parterres y los escotes de las susodichas que se cimbrean como juncos epilepticos al ritmo del puñetero do you know. Ya no puedo más. Siento que las fuerzas me abandonan y que el poco pudor que me queda a estas alturas apenas sujeta la bestia que llevo dentro, mitad Georgie dann, mitad john travolta. Me abandono definitivamente al ritmo machacon de la jodida Ping Pong song y decido bailar. Bailo como los locos, dispuesto a acabar derrotado y hecho un asco de tanto sudor como pienso eliminar en el puto jardin de Isabel Preysler, no sin antes mearme en su piscina y en su pila asquerosamente simétrica de ferreros rocher. Sacudo la cabeza a derecha e izquierda, reparto caderazos contra las paredes metálicas que me confinan y que en mi torrida ensoñación son el omnímodo y generoso muslamen de tanta sueca suelta. Enrique se aleja o pierde voz, o las dos cosas, que no sería la primera vez, y las tias de la piscina se separan en dos filas como coristas espartanamente sincronizadas para despejar un pasillito por el que me deslizo de rodillas, sudoroso y gritón: ¡¡¡¡¡¡¡DO YOU KNOW!!!!!!!!

Entresuelo. Se abren las puertas del ascensor. A mi jefe la papada no le sienta del todo mal desde este ángulo, recogidita con el cuello de su camisa siempre bien planchada.

- Ya mismo voy a fiscalía, don Antonio. Do you know?


Do You Know lyrics

sábado, mayo 12, 2007

Palabras que aguardan




"Baby can I hold you tonight"


Sorry
Is all that you can't say
Years gone by and still
Words don't come easily
Like sorry like sorry

Forgive me
Is all that you can't say
Years gone by and still
Words don't come easily
Like forgive me forgive me

But you can say baby
Baby can I hold you tonight
Maybe if I told you the right words
At the right time you'd be mine

I love you
Is all that you can't say
Years gone by and still
Words don't come easily
Like I love you I love you


domingo, abril 29, 2007

domingo, abril 22, 2007

Papá Tomeu

Me enviaste un mail para decirme que ya te manejas con cierta soltura por la red. Que la nuestra va a ser una cercanía reconquistada a golpe de tecla y de ratón. Voy a ser padre, me dijistes también, ¿Cómo lo ves? Y ya no vi nada durante unos instantes.
Confieso que sentí cierto vértigo y que me descubristes un nuevo mundo de soledades sutiles con esas cuatro palabras detonadas a bocajarro. Tú, un hijo. De verás que me alegro, viejo amigo, tan sólo dame un respiro; nada, tres segundos, cinco, mejor diez. Ya. Perdona esta zozobra mía, nada esconde, nada malo, es que te imagino con un crio en brazos y...no sé yo. De repente el mundo me parece un sitio mejor, más joven, o yo más viejo y desubicado. Y así me dejas, con cierta ligereza sobre los hombros, una extraña alegría, un sabor nuevo que no consigo identificar. Hazme un favor, no le llames Alfredo, podría salirte rarito. Voy a por el Bourbon.

jueves, abril 19, 2007

A mi flaca de manos frias



"Hay una alegría extraña en saber que aún podemos estar tristes. Significa, entre otras cosas, que no estamos perdidos."

- Mario Benedetti - "Ausencias", de Buzón de tiempo



Hoy has venido a verme. Sé que pensarás que soy un iluso, un romántico sin remedio, pero te hacía bien lejos. Tan lejos creí que estabas, tan ausente, que ya no acertaban mis recuerdos a ponerle cerco a los tuyos. Sonó el timbre un par de veces con estridencias lánguidas que nunca le conocí y apareciste tú; ante mi puerta gris y descreida, aureolada por su desvencijado marco historiado de mil preguntas que, bien lo sé, jamás ibas a formular. Has vuelto a encontrarme a pesar de mis renuncias y mi resuelta convicción de niño resabiado a no franquearte de nuevo la entrada, a no violentar con mis labios el pulso que se trasluce en tus sienes de vainilla fría y desaforada, a no recoger tu abrigo ni a dibujar ese gesto que me desarma y me traduce al lenguaje de tus ojos y en el que mi brazo te acoge plegando cortinas de aire para que tus pasos se pierdan en mis estancias, que ya son tuyas.
Trastabillando te internas en el salón, tímidamente, como si nunca hubieses conocido el escenario de mis tormentas humildes, eludiendo educadamente (acaso postergando) el beso que nunca quiero darte y que siempre te doy. La luz que guardo en mis bolsillos y que me raciono con deliberada usura, es luz de crepúsculo baldío, apenas sí me permite distinguir tu rostro delicado y anguloso; tu melena oscura como lluvia arcana, serena, la frente perlada de tanta incertidumbre como te he dado y esas manos tuyas, siempre tan frías, tan llenas de verdades rotundas que nunca escucho, y que ahora penden desangeladas y blandas, triscando tibias entre las mías. Y todo esto para qué, flaca, tanta búsqueda y desesperanza si aquí me tienes de nuevo, inerme, cansado, confundido, dejándome hacer mientras tiras de ellas y me llevas al sillón que custodia nuestra ventana. Tu ventana. Me sientas. Te siento. Mis ojos cabrillean sobre las nervaduras de cobalto que se adivinan en tu pecho, siempre cubierto de ese níveo papel de biblia que te viste entera. Trato de ganar tiempo antes de fundirme en el azogue de tu mirada que inquiere moralejas que nunca adivino. Así, poco a poco, me iré acostumbrando otra vez a tus caricias, a tus abrazos; ¡que bueno tenerte aquí, flaca!, pienso que adivinas que pienso, meciéndonos los dos una vez más, velándonos el sueño mutuamente.




sábado, abril 07, 2007

¿Quien posee a quien?



INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ


Julio Cortázar


Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa

viernes, abril 06, 2007

Ernesto no me aburras

"Nadie elige su amor sólo a partir de lo que tiene ante los ojos: todos, en realidad, elegimos nuestros amores en términos del espacio futuro que nos creemos capaces de llenar con ellos. No elegimos nuestros amores a partir de realidades sino a partir de irrealidades y de esperanzas."

Álvaro Pombo, El cielo raso.
"...Hasta aquí llegamos". Esas mismas palabras, u otras de muy parecida índole, se dijo Ernesto una tarde de nubes especialmente ociosas, quien sabe si movido por su innegable inclinación al melodrama o por el certero golpe de gracia que asestaron a su melodramático corazón las últimas palabras de Desideria Cormazán: "No es que no te quiera; es que me aburres", -y acto seguido (imponderable el efecto de sus precipitados pensamientos, ahora lo sé) añadió: "y si lo hicieras tan sólo un instante, si el tuyo fuera uno de esos aburrimientos pasajeros que apenas turban los sentidos que porfían en asirse al objeto de nuestras más íntimas veneraciones; si el tedio que me produces, que es inmenso, fuese tan sólo fruto de tu conversación o de los cauces con que gobiernas cuanto fluye por tus labios de buhonero impenitente o de tu eterna pose indolente que nunca he sabido a qué narices responde, ¡Ernesto por dios!, o a caso fuese tan sólo este ingente, omnímodo e insoslayable hastío que conozco desde que te conozco, un engaño, un espejismo con que el cansancio de mi jornada o mi natural intransigente pretende apartarme de la realidad; si alguna de estas hipotéticas justificaciones tuviera el menor viso de credibilidad en que depositar pudiera mis últimas esperanzas para salvar el poco crédito que de ti guardo, si fuesen capaces de entreabrir cualquiera de las innumerables puertas que conducen a la duda razonable que tanto ansío, si así y sólo así fuera, llegado este punto en que toca dar paso a las verdades del barquero, temblaría mi voz; y fíjate que no tiembla, Ernesto, fíjate bien que ni si quiera me tiembla el pulso cuando levanto la mano (con ganas de meterte un buen par de bofetones, ¡Qué harta me tienes, Dios!). Sólo así (¡Repito!, ¡Y no se te ocurra interrumpirme Ernesto!) hubiera alargado, quien sabe si horas o días o meses lo que ahora comprendo que no puedo postergar ni un segundo más, sabiendo como sé, desde el mismo momento en que te besé, que eres indeciblemente aburrido, Ernesto, Ernestito, incluso cuando besas."

Silencio. Durante el transcurso de siete largos, interminables minutos, Desideria Cormazán se limitó a resollar agitadamente y a recomponer el porte desmoronado ya para siempre a los ojos de Ernesto. Éste sostuvo su mirada el tiempo necesario para cerciorarse de que no habría más, de que aquellas iban a ser las últimas palabras de la frenética diatriba con que Desideria Cormazán correspondía a sus meses de vanos requiebros, a todas las flores y ferreros rocher (malgastados para siempre, ahora lo sabía, lástima), a las llamadas perdidas, a las flexiones matutinas y la seda dental, y el desodorante ese tan caro que le reportaba, creía entonces, cierta aura de agente secreto con licencia para matar (¡ay Dios!, de aburrimiento al parecer). Adios a todo en definitiva y en concreto a sus innumerables noches en vela tejiendo versos que vistieran el abismo de silencio e indiferencia con que su amada parecía distanciarse (ahora más que nunca) del mundo entero.

"No hay forma de arreglar esto"- pensó Ernesto mientras, confuso y ligeramente contrariado, apuraba su café y se disponía a recoger velas. Ya en la entrada, paralizado como por efecto de una revelación mariana se giró con una vehemencia que nadie jamás le volvería a conocer:
-"¡Anda y que te divierta tu puta madre!

lunes, abril 02, 2007

La hora del final

"La hora del final. Oigo más cerca el reloj que la va a dar. Me intriga, no me aflige demasiado. Es mi modo de elevarme un poco por encima de lo vulgar, de mi, a quien duele mucho e intriga poco. Cosas, lugares, incluso afectos, a partir de cierta edad no pertenecen a la realidad, sino a la memoria, donde su destino ya sólo es de cada cual. Sin embargo hay una desesperación mansa en nosotros por no haber realizado, no exactamente lo que se llama "el sueño", porque tener un "sueño" ya es saber lo que es, sino lo que trajera la paz por haber agotado todo lo posible, lo que en nosotros quiere responder a una voz incierta que nos habla y no conseguimos escuchar, que habla pero no sabemos de qué. Tengo en mi más posibilidades que todas las realizaciones que haya podido realizar. Pero lo más insoportable es que esas realizaciones dejen absolutamente intactas esas posibilidades. Como el hígado de Prometeo, las posibilidades se reconstruyen inmediatamente después de haber hecho efectiva una realización. Como el vientre de una mujer que queda entero para otro hijo. Una realización existe en sí misma, y por tanto, no existe en la posibilidad que se es. Y eso es lo que nos llevaremos a la muerte, ese fallo enorme de nuestra imposibilidad. Y eso es lo que mas duele ante los avisos del final: esta absoluta nulidad de lo que he hecho y la alucinación de hacer, antes de que llegue la hora."

Vergílio Ferreira, Pensar

sábado, marzo 31, 2007

Sube y punto.


Los hechos sucedieron más o menos así:

Un ascensor que se dispone a subir. Un servidor que se dispone a presionar uno de esos botoncitos tran monos que vienen en los ascensores y de los que nuestros hijos (es un decir) se chotearán en el futuro tal y como nosotros nos choteamos ahora cuando vemos el panel de control de alguna nave espacial de serie B setentera. El caso es que me disponía a subir cuando una pareja asoma precedida de un enorme carro lleno de todo tipo de artículos; cincuentones los dos y con cara de llegar tarde a casa para hacer ese pollo al chilindrón que tanto le gusta al nene los domingos y que no se emancipa ni a hostias.

- ¿Baja al parking? - me pregunta mama osa.
- No, lo siento, este ascensor sólo sube - y me quedo tan ancho.

La cara de papa oso parecía decir algo así como: "me pillas con treinta años menos y te hago un piercing con el ascensor", mezclado con algo de: "Te metía una mano de ostias, te rapaba al cero y pico y pala en la siberia, ¡Mamón!", pero claro, a lo mejor el hombre tiene el día cruzado - pensé entonces -, muchas compras, mucha prisa y un trasunto de nazareno vacilando en un ascensor.

Fue al cabo de media hora cuando cobré conciencia de que lo mío fue literalmente una vacilada que, visto retrospectivamente, debió darme la imagen de macarra pendenciero que justificara aquella cara de perro con juramento gitano por lo bajini que me dedicó aquel hombre. Resulta que el ascensor bajaba tan ricamente como subía, y todavía no sé de dónde coño saqué la inapelable certeza que debieron confundir con chulería del tipo: "este ascensor sube por que me sale a mi del tranco, y punto". ¿Dotes de convicción latentes que afloran en primavera? ¿Intimidará la pinta de chuck Norris con disentería que me ha dejado esta puñetera gripe intestinal? En todo caso, pa habernos matao.


jueves, marzo 29, 2007

"I can't take my eyes off of you"

PARA DORMIR EN PAZ



No temo el arraigo de la soledad

en el derrumbadero de las tardes,

ni el desvalimiento de la cólera

que destruye a traición nuestra esperanza,

ni el agudo entrechocar de la erosión

en la conciencia alerta de mis huesos,

sino tu eterna ausencia repentina,

más grave y más amarga que la muerte.


Alfredo Buxán



Grey's Anatomy




Premios:
- Globo de Oro a la mejor serie de televisión- drama en 2007.
-Sandra Oh también ganó el Globo de Oro 2006 a la Mejor Actriz secundaria de Serie Dramática.
- En 2006 tanto la serie como Patrick Dempsey ganaron los premios People´s Choice.


Curiosidades:
- En el año 2006 ha sido el programa más visto en los EE UU.
- Todos los episodios de la serie en versión original , tienen como título el nombre de una canción en inglés.
- Ellen Pompeo realizó un cameo en Friends donde interpretaba a una ex compañera de clase de Ross y Chaendler.
- El nombre de la serie está inspirado en 'Gray´s Anatomy', un prestigioso tratado de anatomía.

Récord:
En 2006 ha sido el programa más visto en Estados Unidos.


si todavía no la conoces...



...no sabes lo que te pierdes.

domingo, marzo 25, 2007

Viernes, bourbon y compasión.

"Al final sólo quedarán los que quepan sentados alrededor de un tambor."

W.G. Sebald



Ayer fue uno de esos días que esperas como un evento poco común. Como cuando de niño se desespera ante la inminencia de una noche de Reyes, o la víspera de un cumpleaños o de un viaje de itinerario laboriosamente programado. Ayer volví a oír el canto del hielo entre mis dedos; el humo y las palabras y la música, indiscernible ésta, y aquéllas, indisociable lo uno de lo otro cuando entras en uno de esos locales de moda donde la gente queda para tomar una copa y, aunque resulte paradójico, pretende hablar. Intentar hacerse escuchar es tan difícil que tan sólo aspiras a hacerte oír, a que tu interlocutor capte algo de entre el lodazal de palabras y frases lanzadas en todas direcciones y consiga interiorizarlo, encapsulados los dos en el artificio de esa burbuja ensordecedora que nos procuramos los seres humanos en nuestros momentos de ocio. Resulta confortable (mucho más en esos momentos) dejarse arrullar por la cadencia de una voz amiga. Una voz extraña de tan extrañada. Cobijarse en los silencios que apuntalan la muerte de algunas frases. Abandonarse en el añil de las mañanas de tantos recuerdos que ahora, el bourbon, la música, una voz, evocan con nueva luz. Esto tendríamos que repetirlo, viejo amigo. Es agradable, de vez en cuando, beber con alguien capaz de acercarse, sin prejuicios, a nuestra autocompasión.

sábado, marzo 17, 2007

Casi veinte años después

Sigo jugando a ser adulto. No es un juego que se me dé especialmente bien porque nunca se acaba de destacar en aquellas disciplinas para las que no se está llamado ni para las que jamás hemos mostrado la menor inclinación natural, si acaso en algún momento de nuestras vidas. A veces el empeño con que la vida te atrapa se traduce en ese perseverar, en esa nueva vuelta al tablero hastiado que no va a conseguir nada conmigo. Jamás. Con todo, me empeño en rodearme de toda la liturgia adulta que soy capaz de procurarme sin rebasar el límite que menoscaba mi inmadurez indomeñable. Sigo siendo un niño que no entiende, un niño que asiente como un adulto y mira de soslayo a los otros niños; a los que juegan a juegos de niños. Si bien es cierto que me obligo a diario no consigo evitar que la burda impostura de mis ademanes y composiciones adultas caigan en desgracia apenas las levanto con mis manos torpes de niño torpe. A veces ha resultado ser de gran ayuda cierto poso de gravedad que fondea en mis ojos al decir de quienes tuviesen la suficiente (infinita) paciencia como para comprobarlo, pero en realidad, esto no deja de ser puro artificio, efimeras pavesas de melancolia que se retuercen incandescentes tras el estrago de un incendio pasado que no logro recordar.
El azar, sin embargo, ha querido que este viernes, casi veite años después, un grupo de viejos amigos hayan decidido volver a reunirse sin el parapeto de un pupitre de por medio ni el pretexto de unas clases que habían de esclarecer nuestros futuros sombríos e inciertos, ofreciéndome así, sin ellos saberlo, un impagable respiro que me permitiera colgar mis falsas vestiduras de falso adulto.
Hubo una noche, pues, que propició el reencuentro donde se prodigaron risas desacompasadas, bocetos apresurados de vidas falsamente diseñadas, complicidades opacas que el paso de las horas volvió a enlucir con la honestidad de otros tiempos, viejas camaraderías y querencias, y desencuentros tan previsibles ahora como entonces. Hubo todo esto la noche en que constaté mi presente sombrío e incierto en sus ojos y en los mios, los ojos de una treintena de rostros desigualmente ajados por la mansedumbre de la carne para con el tiempo. Pudo haber mucho más, pero nunca lo hubo.



domingo, febrero 25, 2007

Ghost Rider


Estaba yo tratando de cumplir viejas promesas. De pie frente al armario, intentando decidir qué demonios se pone uno para cumplir con semejante evento. Cada estreno es lo mismo. Al principio, con la novedad de las primeras películas, la ilusión tiraba de uno con la energía suficiente como para que cualquier justificación se volviese irrelevante, pero con el paso del tiempo y de las sucesivas y previsibles adaptaciones cinemátográficas de la casa de las ideas, la ilusión no ha sido la misma, la verdad. Digamos que ahora me mueve mas la curiosidad (rara vez satisfecha) y cierta perseverancia que se vuelve obstinación infantil cuando me obligo a cumplir con el consabido estreno marveliano. Esta vez ha sido el motorista fantasma. La excusa: Nicolas Cage. Pero claro, hay que tener en cuenta que el tipo está un poco payá con esto del comicbook americano y que se moría de ganas por ponerse unas mallas (de hecho a su hijo le ha llamado Kar-El, y se rumorea que lo de Cage - el tio se llama en realidad Nicholas Kim Coppola- es por Luke Cage, otro personaje mítico de la Marvel más conocido como "Powerman"), así que tampoco el reparto era, en esta ocasión, acicate de nada, y mucho menos garantía de calidad. Dicho y hecho. El culo es el mejor indicador de que la cosa no funciona. Cuando no sabes como ponerlo para encontrar una posición cómoda que te permita soportar lo que tu encéfalo se niega a tragar tras los primeros quince minutos de visionado, no lo dudes, es que algo falla. "Los efectos están bien", sí, ese comentario también suele acudir a la torturada mente del espectador al cerrar los ojos y abrir la boca. La cucharada sigue siendo de mierda, no nos engañemos. Que ustedes la disfruten, si tienen huevos.

jueves, febrero 01, 2007

La Clandestina



Té moruno. Tabaco. Chocolate. Un par de chicles. Pago yo. El niño que soy entre tus brazos. La trinchera de un sofá que añora el dibujo de tu espalda.

domingo, enero 14, 2007

Bella

Bella,
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relampago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.

Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando,flor del mundo,
así te veo,
bella.

Bella,
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.

Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay paises, hay ríos
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.

Bella,
tus pechos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.

Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.

Bella,
no hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.

Bella,mi bella,
tu piel, tu voz, tus uñas,
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mio, bella,
todo eso es mio, mia,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre
cuando estas cerca o lejos,
siempre,
eres mia, mi bella,
siempre.

Pablo Neruda

¡Chin pun!